El hombre clavó la pala en el medio del monte y al sacarla notó que tenía restos de cal. Era la mañana del 4 de junio de 2010. Sorprendido, Pablo Mielnik, un trabajador contratado por la Municipalidad de Laguna Paiva, volvió a clavar la pala en el mismo lugar y sintió un crujido. Era un hueso humano. Así fue como se encontró el lugar en el que al menos 8 personas habían sido exterminadas y enterradas de forma clandestina durante la última dictadura cívico militar, en las afueras de Santa Fe.



































