Corrían los primeros años del siglo XX. La ciudad de Santa Fe se modernizaba a fuerza de la actividad portuaria, del ferrocarril y del comercio. Ocurrió que un joven llamado Remo Dal Maso, inmigrante italiano que recaló en estas pampas como tantos otros, conoció a una mujer santafesina: Rosa Talín. Y se enamoraron perdidamente.




































