La Sarita era el sueño hecho realidad de don Boris Furman, hijo de inmigrantes rusos con ascendencia judía, que vivía en Bariloche. El hombre creó en 1980 la Fundación Sara María Furman, en homenaje a su madre. La finalidad era tenderle una mano a los más necesitados. Primero, con la creación de un telesférico en un complejo turístico, el Cerro Otto, en Bariloche. Y más tarde con la construcción de la panadería La Sarita en su ciudad natal, Santa Fe. El destino de ambos proyectos era la beneficencia. Parte de los fondos recaudados en el telesférico eran donados a hospitales y hogares de Bariloche. El pan caliente de La Sarita llegaba a la mesa de los más pobres del cordón oeste de Santa Fe. 1.200 kilos diarios de harina amasada, cocida y transformada en amorosidad para 1.200 familias.