"Todo acá es invaluable", dice Mario Gastelo, sentado junto a un escritorio en la puerta del Museo Ferroviario de Santa Fe. Es quien recibe al público. Este jubilado ferroviario salteño que llegó en tren a la ciudad trasladado en 1969, no se fue más y es el actual presidente del museo. También es casi el único que sigue allí, rodeado de fotos, documentos y objetos que recuerdan el esplendor del ferrocarril. Se trata del antiguo edificio de Hipólito Irigoyen y San Luis, una esquina emblemática. Es la Casa Hüme, levantada en 1889 por los hermanos escoceses Alexander y Washington Hüme. Es la historia viva del ferrocarril en Santa Fe. Y está a punto de perderse. Porque la falta de mantenimiento puso en jaque al edificio y a todo lo que hasta hoy allí perdura.


































