Las economías regionales argentinas muestran un escenario dispar, con actividades que mejoraron su desempeño y otras que continúan atravesando dificultades para recuperar sus márgenes de rentabilidad. Según el Semáforo de Economías Regionales de la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), en agosto de 2026 cinco actividades se ubicaron en verde, cinco en amarillo y nueve permanecieron en rojo.
Semáforo de Economías Regionales: nueva producción en verde
El Semáforo de Economías Regionales de Coninagro correspondiente a agosto de 2026 registró cinco actividades en verde, cinco en amarillo y nueve en rojo. El informe advierte sobre la presión de los costos y el atraso de los precios que reciben los productores, mientras que las exportaciones de los sectores relevados crecieron un 16% interanual en los primeros ocho meses del año.

La principal novedad respecto del relevamiento anterior fue el cambio de categoría de la papa, que pasó de amarillo a verde gracias a la recuperación de los precios al productor. En contraste, actividades como la vitivinicultura, la yerba mate, la lechería y el arroz continúan entre las más comprometidas.
El relevamiento contempla tres componentes: negocio, producción y mercado. El primero considera la evolución de los precios y los costos; el segundo, las variaciones de superficie, existencias y producción; y el tercero, el comportamiento de las exportaciones, las importaciones y el consumo interno.
Precios rezagados y costos en alza
Entre las nueve actividades que permanecieron en rojo se encuentran la yerba mate, el arroz, el vino y mosto, las hortalizas, el algodón, la leche, la mandioca, la actividad forestal y los cítricos dulces.
De acuerdo con Coninagro, el principal factor de deterioro es la evolución del negocio. En buena parte de estos sectores, los precios que reciben los productores se mantuvieron prácticamente estancados o crecieron por debajo de la inflación, mientras que los costos continuaron aumentando. Esta combinación redujo los márgenes reales y condicionó las decisiones productivas.
El informe identifica distintas causas detrás de esta dinámica. En algunas actividades influye la debilidad de la demanda, asociada con cambios en los hábitos de consumo y una menor capacidad de compra. En otras, el problema está vinculado con una oferta abundante que presiona sobre los precios o con una estructura de costos que limita la rentabilidad.

En el grupo amarillo quedaron el tabaco, las peras y manzanas, las aves, los porcinos y el maní. Estas actividades presentan señales mixtas: los precios no lograron recomponer plenamente su poder adquisitivo frente a la inflación, los costos siguen elevados y la demanda muestra un dinamismo limitado. Aunque no registran un deterioro generalizado de todos sus indicadores, todavía no consolidan una recuperación sostenida.
La papa pasó a verde tras una fuerte recuperación de precios
La papa fue la única actividad que mejoró su clasificación respecto del mes anterior. El cambio respondió a la evolución favorable de los precios, que en agosto aumentaron un 19% mensual, acumularon una suba del 151% en el último cuatrimestre y alcanzaron un incremento interanual del 329%, según el relevamiento.

Coninagro vinculó esta recuperación con un reacomodamiento de la oferta. Durante la campaña anterior se había registrado un récord de producción que generó una elevada disponibilidad del producto y una fuerte caída de los precios. En la nueva campaña, la superficie implantada se redujo un 12%, lo que contribuyó a recomponer el equilibrio entre la oferta y la demanda.
Además de la papa, el grupo verde estuvo integrado por las actividades bovina, ovina, granaria y apícola. En estos sectores, la evolución favorable de los precios relativos y el desempeño de los mercados constituyeron los principales factores positivos, acompañados, en términos generales, por una dinámica productiva acorde con la actividad.
Más de tres años de crisis para el vino
La perspectiva histórica del semáforo, que Coninagro publica mensualmente desde hace más de ocho años, permite dimensionar la persistencia de las dificultades en determinadas cadenas productivas.
Según el informe, nueve de las 19 economías regionales analizadas permanecieron en rojo durante la mitad o más de los meses relevados. La vitivinicultura encabeza los casos más comprometidos: acumuló 44 meses consecutivos en esa categoría, desde enero de 2023 hasta agosto de 2026.
La yerba mate también atraviesa un período prolongado de dificultades, con 29 meses consecutivos en rojo desde abril de 2024. Detrás aparecen la lechería, con indicadores críticos durante el 65% del período analizado, y las cadenas arrocera y citrícola, con un 64% cada una.

En el extremo opuesto, las actividades vinculadas con las carnes y los granos exhibieron un mejor desempeño histórico. La producción bovina permaneció en verde durante el 50% de los meses relevados, seguida por el complejo granario, con el 49%; la actividad porcina, con el 46%; y la aviar, con el 40%. El maní registró un 37% de los meses en verde.
La evolución del índice general muestra, además, un cambio respecto de los años más críticos. Luego de permanecer en zona roja entre mediados de 2022 y fines de 2024, el indicador registró una recomposición durante 2025 y volvió a ubicarse en la franja verde. Sin embargo, el comportamiento de los últimos doce meses evidenció un nuevo repunte del índice, que llevó el escenario general a una situación de advertencia.
Las exportaciones crecieron un 16% interanual
En materia de comercio exterior, las 19 actividades relevadas acumularon exportaciones por 43.509 millones de dólares durante los primeros ocho meses de 2026. El monto representó un incremento del 16% respecto del mismo período de 2025, cuando se habían registrado 37.667 millones de dólares, y superó en un 12% el promedio de los últimos cinco años para igual período.
El complejo granario fue el principal protagonista, con ventas externas por 34.061 millones de dólares, equivalentes al 78% del total. Dentro de ese grupo, la soja explicó 17.984 millones de dólares y el maíz, 6.943 millones. El girasol aportó 3.880 millones de dólares y el trigo, 3.500 millones, mientras que la cebada y el sorgo completaron el conjunto.

En segundo lugar se ubicó la cadena bovina, con exportaciones por 4.124 millones de dólares, equivalentes al 9,5% del total. Más atrás quedaron la lechería, con 1.202 millones, y la actividad manicera, con 867 millones de dólares.
Las importaciones de las 19 economías regionales, por su parte, sumaron 3.388 millones de dólares en los primeros ocho meses del año. De esta manera, por cada dólar importado se exportaron aproximadamente 13 dólares.
El complejo granario también concentró la mayor parte de las compras externas, con 2.779 millones de dólares, el 82% del total. Al excluir los granos, las exportaciones alcanzaron 9.449 millones de dólares, frente a importaciones por 609 millones, una relación de 15,5 dólares exportados por cada dólar importado.
La cadena bovina se destacó frente a su promedio histórico
La comparación con el promedio de los últimos diez años mostró que varias actividades incrementaron sus ventas externas por encima de sus niveles habituales.
La cadena bovina lideró las subas, con exportaciones por 4.124 millones de dólares, un 74% por encima de su promedio histórico. Le siguieron el arroz, con un crecimiento del 71%, y las actividades apícola, tabacalera y ovina, cuyas exportaciones superaron en un 65% sus respectivos promedios de la última década.
En sentido contrario, la actividad aviar registró una de las mayores brechas negativas: exportó por 67 millones de dólares, un 72% menos que su promedio histórico de 240 millones. También quedaron por debajo de sus niveles habituales las cadenas vitivinícola y forestal, con exportaciones un 14% y un 10% inferiores a sus respectivos promedios históricos.

En las importaciones, las mayores variaciones positivas frente a la última década se registraron en la cadena bovina, con compras externas por 123 millones de dólares, un 201% por encima de su promedio histórico, y en la actividad mandioquera, con 7,2 millones de dólares, un 121% más. La cadena porcina también mostró un incremento relevante: sus importaciones alcanzaron 127 millones de dólares, un 96% por encima del promedio histórico.
Menor participación del productor en el precio final
El informe también analizó qué proporción del precio que paga el consumidor llega al productor en once cadenas agroalimentarias. En agosto, ocho de las once actividades registraron una participación inferior a su promedio histórico para ese mes.

En la cadena bovina, el productor recibió el 60% del precio final, frente a un promedio histórico cercano al 64%. En la aviar, la participación fue del 39%, contra el 50% habitual, mientras que en la lechería alcanzó el 23%, cinco puntos porcentuales por debajo de su promedio histórico.
Las diferencias también fueron marcadas en productos regionales. La participación del productor se ubicó en el 17% en el vino, frente al 24% histórico; en el 15% en la yerba mate, contra el 21%; en el 8% en el pan elaborado a partir de trigo, frente al 12%; y en el 15% en el arroz, contra el 20%.
La tendencia fue diferente para la papa y las hortalizas. En la primera, el productor captó el 41% del precio final, cuatro puntos porcentuales por encima de su promedio histórico. En el conjunto de hortalizas —zapallo, zanahoria, cebolla y tomate— la participación alcanzó el 41%, seis puntos por encima del valor habitual.

Coninagro señaló que estas diferencias responden, entre otros factores, al grado de industrialización de cada cadena y a los costos de las distintas etapas. En productos como el vino, la yerba mate y el pan, los procesos de transformación y comercialización reducen la proporción que recibe el productor primario. En otros, como la papa y determinadas hortalizas, la menor transformación puede favorecer una participación mayor.
En conjunto, el relevamiento de agosto expone una realidad heterogénea: mientras las exportaciones mantienen una evolución favorable y algunas actividades mejoran sus precios relativos, buena parte de las economías regionales continúa enfrentando dificultades para trasladar esa dinámica a los ingresos del productor. La recuperación de los márgenes y la relación entre precios y costos siguen siendo factores centrales para determinar la evolución de cada cadena.








