Cada mes de julio, cuando se conmemora el Día de la Ganadería en Argentina, el sector pone en valor el aporte de una de las principales actividades económicas del país. Sin embargo, entre los desafíos que todavía limitan su potencial aparece una enfermedad silenciosa que continúa generando importantes pérdidas: la diarrea neonatal bovina.
Diarrea neonatal: el costo oculto que afecta la productividad de la ganadería argentina
La diarrea neonatal bovina continúa siendo uno de los principales desafíos sanitarios de la ganadería argentina. Aunque puede afectar a más de la mitad de los terneros de un rodeo y comprometer su desempeño durante toda la vida productiva, la cobertura de vacunación preventiva sigue siendo baja. Especialistas sostienen que anticiparse al problema es clave para reducir pérdidas económicas y mejorar la eficiencia de los establecimientos.

Se trata de una patología multifactorial provocada principalmente por agentes infecciosos como Cryptosporidium parvum, rotavirus bovino, coronavirus bovino y la bacteria Escherichia coli. Aunque suele asociarse únicamente con la mortalidad de los terneros, especialistas advierten que el verdadero impacto se refleja en las pérdidas productivas que deja a largo plazo.
De acuerdo con datos difundidos por MSD Salud Animal, en Argentina existen alrededor de 29 millones de vacas y vaquillonas, pero apenas una de cada 14 recibe vacunación preventiva contra esta enfermedad. La cifra marca una importante brecha sanitaria considerando que, en rodeos afectados, la diarrea neonatal puede alcanzar una morbilidad del 60 % y provocar una mortalidad cercana al 20 %.

A este escenario se suma otra preocupación mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) viene alertando sobre el avance de la resistencia antimicrobiana, un fenómeno asociado al uso excesivo e inadecuado de antibióticos que podría convertirse en una de las principales causas de muerte hacia 2050.
Consecuencias que perduran durante toda la vida del animal
Los especialistas coinciden en que el principal error es intervenir cuando los síntomas ya aparecieron.
La diarrea neonatal no depende únicamente de un agente infeccioso. Factores como la nutrición de la madre, la calidad del calostro, la higiene, las condiciones ambientales y el estrés también influyen en la aparición de la enfermedad. Cuando el cuadro clínico es evidente, buena parte del daño fisiológico ya ocurrió.
Según estudios citados por la empresa, un ternero que sufre diarrea durante sus primeras semanas de vida tiene 17 veces más probabilidades de desarrollar neumonía posteriormente. Además, suele registrar menores ganancias diarias de peso, retrasos en la edad al primer servicio, menor producción láctea futura en el caso de las hembras y un menor desempeño productivo durante toda su vida.

"Uno de los errores más frecuentes en sanidad neonatal es actuar cuando el problema ya está instalado. En ese momento, el daño fisiológico y productivo ya ocurrió y las herramientas disponibles se limitan a tratamientos de sostén, antibióticos, rehidratación y mayor carga de trabajo para el personal", explicó Clara Fernández Boglione, gerente técnica y de Marketing para Ganadería de MSD Salud Animal.
Desde el punto de vista económico, distintos trabajos señalan que prevenir resulta considerablemente más rentable que tratar la enfermedad una vez instalada. Los costos de medicamentos, rehidratación, sustitutos lácteos y mano de obra se suman a un animal cuyo potencial productivo ya quedó comprometido.
La vacunación de la madre, una estrategia preventiva
Una de las principales herramientas para reducir el impacto de la diarrea neonatal es la inmunización de las vacas y vaquillonas antes del parto.
Los bovinos nacen prácticamente sin anticuerpos debido al tipo de placenta que poseen. Por ese motivo, toda la inmunidad inicial depende del calostro que reciben durante las primeras horas de vida, cuya calidad está estrechamente relacionada con el estado inmunológico de la madre.

Los especialistas destacan que existe una ventana clave para actuar: entre las 12 y las 3 semanas previas al parto. Durante ese período, la vacunación permite que la madre produzca anticuerpos que luego serán transferidos al ternero a través del calostro, brindándole protección durante las primeras semanas, cuando el riesgo de enfermar es mayor.
En este contexto, MSD Salud Animal incorporó al mercado argentino la vacuna Bovilis® Rotavec® Corona, una formulación de dosis única destinada a vacas y vaquillonas que protege frente a los principales agentes involucrados en la diarrea neonatal, entre ellos rotavirus bovino, coronavirus bovino y Escherichia coli F5 (K99) y F41.
Según informó la compañía, la aplicación puede realizarse entre el sexto y octavo mes de gestación en rodeos de cría o al momento del secado en los tambos. La revacunación anual también requiere una única dosis dentro de la misma ventana de aplicación.

Fernández Boglione señaló que actualmente la discusión entre los especialistas ya no pasa por determinar si la vacunación es efectiva, sino por cómo incorporarla dentro de un plan sanitario integral que contemple también una correcta nutrición de la madre, un adecuado manejo del parto, la calidad del calostro y buenas condiciones de higiene.
En un escenario donde cada ternero representa una inversión para el futuro del rodeo, los expertos coinciden en que fortalecer las estrategias de prevención no solo permite reducir la mortalidad, sino también mejorar la productividad y la rentabilidad de los sistemas ganaderos argentinos.








