La participación en Expoagro 2026 suele ser, para muchos, una oportunidad de observar de cerca las últimas innovaciones del campo argentino.

Danilo Córdoba, estudiante de la E.F.A. N° 8205 "Escuela de la Familia Agrícola" de Tostado, participó de Expoagro 2026 tras una pasantía impulsada por su docente, el veterinario Fernando Varoli. Su experiencia refleja el valor de la formación práctica y el vínculo entre la educación rural y el sector productivo.

La participación en Expoagro 2026 suele ser, para muchos, una oportunidad de observar de cerca las últimas innovaciones del campo argentino.
Sin embargo, para Danilo Córdoba, alumno de sexto año de la E.F.A. N° 8205 "Escuela de la Familia Agrícola" de la zona rural de Tostado, la experiencia fue mucho más que eso: la vivió desde adentro, trabajando codo a codo con productores y animales.

Ubicada a unos 22 kilómetros de la ciudad cabecera del departamento 9 de Julio, la institución educativa forma a jóvenes en actividades vinculadas al ámbito agropecuario. En ese contexto, surgió la posibilidad que marcaría un antes y un después en la formación de Danilo.
La iniciativa partió del docente y médico veterinario Fernando Varoli, quien le propuso al estudiante realizar una pasantía en una cabaña de la región. “Me preguntó si me gustaría ir y le dije que sí”, relató el joven.
Así llegó a la Cabaña El Amargo, ubicada a unos 100 kilómetros de Tostado, dedicada a la producción de la raza Braford. Durante dos semanas, Danilo se integró al trabajo cotidiano del establecimiento, desempeñando tareas con los animales y aprendiendo el manejo práctico.

El compromiso y la dedicación mostrados durante esa etapa fueron determinantes. “Dependía de cómo me veían trabajando. Se ve que fue todo bien, por eso me llevaron a Expoagro”, explicó.
Ya en la exposición, su rol fue activo y diverso. Se encargó de bañar y alimentar a los animales, limpiar los corrales y colaborar con la presentación del stand.
Lejos de ser una experiencia pasiva, su participación implicó asumir responsabilidades concretas dentro del equipo de la cabaña, acompañando desde la llegada de los animales hasta el desarrollo completo de la muestra.

Incluso formó parte del traslado inicial, viajando junto a los cabañeros antes del inicio oficial del evento. “Fuimos llevando los animales, junto al chofer del camión Matías Matiello y después ya nos quedamos trabajando allá”, recordó.
El esfuerzo tuvo su recompensa: la cabaña obtuvo un reconocimiento en pista, logrando una bandera y copa al tercer mejor macho entre los ejemplares presentados. En total, participaron con diez animales en competencia.
Para Danilo, se trató de su primer contacto directo con este tipo de actividad. “Fue la primera vez”, subrayó.
Sin embargo, la experiencia no solo le permitió adquirir conocimientos técnicos, sino también descubrir una vocación.

El balance es claro: “Todo fue muy lindo y aprendí muchas cosas”, resumió. Además, el vínculo con la cabaña continuará, ya que fue convocado nuevamente para futuras pasantías.
Este tipo de experiencias refuerza el rol de las escuelas agrotécnicas como puente entre la formación académica y el mundo productivo, permitiendo a los estudiantes aplicar en situaciones reales los conocimientos adquiridos en el aula.
Detrás de la oportunidad, Danilo destacó especialmente el rol de su profesor, quien impulsó su participación. La articulación entre docentes, instituciones educativas y productores aparece como un factor clave para generar este tipo de instancias formativas.

También expresó su agradecimiento a los responsables de la cabaña por el acompañamiento recibido. “Estoy muy agradecido por todo lo que me enseñaron”, afirmó.