Durante la segunda mitad de 2025, el mercado de campos mostró inicialmente un buen nivel de actividad, aunque con menor intensidad que en el primer semestre del año. Así lo refleja el informe de la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR).

El mercado inmobiliario rural atravesó un segundo semestre de 2025 con actividad sostenida, marcada por una oferta limitada, una demanda firme y expectativas crecientes de revalorización. Tras un breve freno asociado al escenario político, las operaciones retomaron dinamismo, especialmente en campos agrícolas de alta calidad y en el segmento de mayor escala, mientras el sector mira a 2026 con moderado optimismo y reclama reglas claras para consolidar las inversiones.

Durante la segunda mitad de 2025, el mercado de campos mostró inicialmente un buen nivel de actividad, aunque con menor intensidad que en el primer semestre del año. Así lo refleja el informe de la Cámara Argentina de Inmobiliarias Rurales (CAIR).
El principal factor que explicó esta desaceleración fue la escasez de oferta, una situación que comenzó a notarse en los campos agrícolas de la Pampa Húmeda y que luego se extendió progresivamente a otras regiones productivas del país.

A este escenario se sumó un punto de inflexión político relevante: la contundente derrota del oficialismo en la provincia de Buenos Aires.
El resultado electoral generó incertidumbre y provocó un freno transitorio en los mercados, incluido el inmobiliario rural. Sin embargo, este impasse fue breve. Hacia octubre, apenas dos meses después, la actividad comenzó a reactivarse y retomó la dinámica que había caracterizado al primer semestre, reflejando la solidez estructural de la demanda.
Una de las características más claras del segundo semestre fue la consolidación del desequilibrio entre oferta y demanda. Los campos se vendieron con mayor rapidez de la que fueron repuestos al mercado, generando un desbalance que se sostuvo en el tiempo y ejerció presión alcista sobre los valores.

Este fenómeno se manifestó primero en los campos agrícolas de mejor calidad edafológica y climática, donde comenzaron a observarse recuperaciones de precios. Luego, el interés se extendió gradualmente hacia campos mixtos y, con mayor rezago, hacia los ganaderos.
En definitiva, una demanda intensa y sostenida frente a una oferta escasa y volátil permitió que algunas zonas iniciaran un proceso de revalorización, aún de manera lenta pero consistente.
Como ocurre habitualmente, el interés del mercado se concentró en primer lugar en los campos agrícolas, para luego ampliarse hacia los mixtos y, finalmente, hacia los ganaderos, un proceso que suele comenzar en la Cuenca del Salado y avanzar hacia regiones de menor productividad relativa.
El renovado interés por campos ganaderos estuvo impulsado por el buen momento del sector, favorecido por una demanda internacional sostenida de carne vacuna y por una visión positiva de referentes y analistas del rubro. Esto permitió que propiedades que habían permanecido relegadas durante largos períodos volvieran a captar la atención de los inversores.

En cuanto a las modalidades de compra, en las zonas agrícolas predominaron las operaciones al contado, aunque también se registraron cierres con plazos.

Este contexto volvió a poner sobre la mesa un tema que había quedado en segundo plano: la tasa de interés aplicada a los saldos financiados, que actualmente ronda el 5% anual en dólares, y que sigue siendo objeto de negociación entre las partes.
En las zonas ganaderas, especialmente en aquellas más alejadas de los centros urbanos o de consumo, fue más frecuente encontrar propuestas con facilidades de pago amplias. En estos casos, el cambio de mercado se percibió más por la mayor fluidez de las operaciones que por subas significativas en los precios.
El perfil del comprador continúa siendo mayoritariamente local y vinculado al sector agropecuario, aunque no siempre a la producción directa.
El contexto internacional, atravesado por conflictos y tensiones geopolíticas, llevó a muchos inversores a buscar destinos alejados de zonas de riesgo. En ese marco, Argentina y la región vuelven a posicionarse como una alternativa atractiva, especialmente bajo un gobierno que se manifiesta favorable al sector agropecuario.

No obstante, persisten limitantes estructurales. La falta de definiciones claras en torno a la Ley de Tierras y la continuidad del cepo cambiario para personas jurídicas siguen actuando como factores disuasorios para la inversión, en comparación con economías más abiertas.
Estas restricciones dificultan el ingreso de capitales y la libre repatriación de utilidades, elementos clave para el inversor institucional.
Del lado de la oferta, continúa predominando el perfil de vendedor asociado al “ciclo familiar cumplido”, es decir, campos pertenecientes a familias con múltiples herederos o sin continuidad en la explotación productiva.

Los actores del mercado coinciden en que la estabilidad macroeconómica, la previsibilidad normativa y una gestión pública racional son condiciones indispensables para sostener la valorización de los activos rurales. En ese sentido, el resultado de las elecciones de medio término aportó una visión más optimista hacia 2026, con expectativas de mayor gobernabilidad y claridad política.
El sector reclama señales de largo plazo, como la eliminación —o al menos la reducción gradual— de los derechos de exportación, menores tasas de interés para el crédito productivo y reglas claras y estables. Sin un horizonte definido, advierten, no hay inversión posible.
Al cierre de 2025, el mercado inmobiliario rural se mantiene firme y activo, más allá del lógico paréntesis impuesto por las fiestas de fin de año. Algunas zonas ya muestran signos claros de una revalorización lenta pero sostenida, estrechamente ligada a las expectativas económicas y políticas.
El principal desafío para los operadores será actuar con cautela y prudencia al momento de tasar, evitando excesos de optimismo en un contexto de valores firmes.

La evolución de la demanda y, especialmente, del plan económico serán determinantes para sostener esta dinámica en el tiempo y transformar las expectativas en un proceso de crecimiento sostenido.