En febrero, el Programa de Agricultura Urbana de la Municipalidad de Rosario cumple 24 años y lo hace con una trayectoria que excede largamente su origen como política de emergencia y que en el camino ganó prestigio internacional.

La ciudad santafesina de Rosario "es el único municipio del país" en contar con un programa de agricultura urbana de manera sostenida desde hace 18 años como política pública, lo que le valió el reconocimiento de la ONU y de la FAO, y trajo a expertos de diferentes países del mundo para conocer el modelo.

En febrero, el Programa de Agricultura Urbana de la Municipalidad de Rosario cumple 24 años y lo hace con una trayectoria que excede largamente su origen como política de emergencia y que en el camino ganó prestigio internacional.
Nacido en los primeros años de la década del 2000, el programa se consolidó con el tiempo como una herramienta de inclusión, generación de ingresos y recuperación de espacios verdes en la ciudad.

Hoy, la política alcanza alrededor de 40 hectáreas cultivables y se organiza en 12 parques huerta con distintas características, distribuidos en barrios de Rosario. El programa sostiene la vida de más de 155 familias y 340 huerteros y huerteras (tres de cada cuatro son mujeres) que trabajan en la producción de alimentos.
“La Municipalidad tiene una estrategia de urbanización permanente cuando existen espacios que pueden volverse productivos y generar empleo, pero además aportar al hábitat de forma integral que incluyen la recreación y un nuevo espacio público verde”, dice Nicolás Gianelloni, secretario de Desarrollo Humano y Hábitat de la Municipalidad de Rosario.
La mirada del funcionario inscribe a la agricultura urbana dentro de una política más amplia de urbanización. No se trata solo de producir alimentos y sostener espacios de ferias, sino de integrar esos espacios a la vida barrial, aun cuando no siempre formen parte de las demandas más visibles de los vecinos.

“Entendemos que a veces no está entre los principales intereses de los vecinos, pero es parte de la estrategia que tenemos de urbanización”, señala.
A lo largo de estos 24 años, uno de los debates recurrentes fue la posibilidad de que los y las huerteras avancen en procesos de agregado de valor, vinculándose como proveedores de productos elaborados, como pastas, conservas o cosmética natural. Gianelloni reconoce que esa línea sigue presente, aunque con límites concretos.

“Es una búsqueda que mantenemos y la parte que más nos ha costado en el tiempo”, dice, y explica que los espacios de agricultura urbana son ocupados mayormente por sectores vulnerables que necesitan generar ingresos en plazos cortos.
“Y allí aparece la agricultura urbana y el circuito de ferias y mercados”, dice Gianelloni, y agrega que los intentos de profesionalización encontraron obstáculos normativos. “En un momento fuimos la variante de profesionalizar en cosmética natural, pero encontramos normativas que exceden lo municipal que eran trabas para esa producción”, explica.
Gianelloni describe un escenario de cambios profundos en las políticas sociales y en las formas de acceso a la ayuda estatal.
“El proceso social está en plena ebullición, donde se está reorganizando el sistema social y el sistema de contención social. Hoy se está modificando financiamiento de organizaciones sociales y ayuda social para ir a beneficios directos, donde no interviene ni las organizaciones de territorio ni los municipios”, sostiene el funcionario.

Ese corrimiento tiene efectos concretos sobre la relación de las familias con el programa. “Las familias se siguen acercando a la economía social, pero no tanto al programa de agricultura en sí”, señala Gianelloni.
Según explica el secretario, muchas personas priorizan hoy capacitaciones y formación en emprendimientos con acceso a ferias, aunque la agricultura urbana continúa siendo parte de la oferta municipal.
“La agricultura urbana sigue siendo parte de lo que ofrecemos porque entendemos que ha sido y es un desarrollo virtuoso que ya cuenta con 12 parques huertas con diferentes características en distintos barrios de la ciudad”, dice el funcionario.

Al mismo tiempo, advierte sobre un cambio cultural que atraviesa a las nuevas generaciones. “La cultura agrícola y de producción con la tierra parece estar lejos de las nuevas generaciones y eso hace que muchas veces esa producción quede muy ligada a lo que pasa en el territorio y con quienes ya están trabajando la tierra”.
A pesar de esos desafíos, desde el municipio sostienen que el programa mantiene su sentido estratégico. La clave, siempre según Gianelloni, está en que la expansión de las huertas no se piense de manera aislada.
“La prioridad de urbanizar es que cada barrio cuente con su espacio verde, con servicios, con espacios para la producción”, dice, y completa: “Ampliar la cantidad de espacio de huertas debe estar en sintonía con el resto de lo que pasa en esos barrios para que sea una herramienta de trabajo e inclusión que realmente funcione”.
En su trayectoria, el programa de Agricultura Urbana de Rosario se consolidó localmente y fue reconocido a nivel mundial.
Entre las distinciones más importantes se cuenta el Gran Premio Prize for Cities 2020-2021 otorgado por el World Resources Institute (WRI) Ross Center, que lo seleccionó entre 262 propuestas de 54 países por su contribución a la resiliencia climática, la equidad y la producción sostenible de alimentos, y otorgó al proyecto municipal 250 mil dólares como reconocimiento global al impacto urbano transformador.

Además, la experiencia local fue destacada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) como una de las mejores prácticas de agricultura urbana en América Latina y el Caribe, y figuró entre las 10 mejores prácticas mundiales para mejorar las condiciones de vida presentadas ante organismos internacionales.
A fines de 2025, el Concejo Municipal tomó en consideración un proyecto de la concejala Alicia Pino, del bloque Socialista, para que el municipio preserve, digitalice y cataloge el Archivo del Programa de Agroecología Urbana (PAU), que actualmente se encuentra en el Museo de la Ciudad “Wladimir Mikielievich”, con accesibilidad para la población en general.
También planteó su difusión mediante plataformas digitales, exposiciones y actividades educativas.