Sobran anécdota e historias. Es increíble cruzarse con tantos argentinos que un buen día decidieron irse del país, agobiado por las circunstancias y buscando una mejor vida. “Hermano, yo no me fui del país porque quise, a mí me echó De la Rúa. Perdí todo en el 2001. Armé la valija y me vine a Estados Unidos con mi mujer y mi hija de dos años, más 1.000 dólares en el bolsillo. Eso fue todo”, son frases que se repiten una tras otra. Y de ahí, hay generaciones que nacieron en este país pero que al tener descendencia argentina no pueden dejar de ponerse con orgullo la camiseta celeste y blanca. Y la 10 de Messi, claro. Porque ahí está el otro lado (quizás sea el mejor o el más importante) de semejante devoción mundial.
Y una vez, Atlanta supo lo que es el amor por un país y por un jugador (o dos)
Uno está, es tangible y lo seguimos disfrutando (Messi). El otro no está en cuerpo pero sí en alma y en el cariño y agradecimiento inagotable y eterno (Maradona). Desde las primeras luces del día, la bellísima Atlanta fue toda celeste y blanca.

Creo que los argentinos nunca hemos tenido tantos hinchas. No somos 47 millones o 48 o los que seamos. Somos muchos más, porque el mundo entero (salvo rarísimas excepciones) se rinde ante el genio y el magnetismo que despierta un jugador de la calidad de Messi.

Y santafesinos, acá, sobran. Están los que se vinieron a vivir pero no pueden olvidarse de la cerveza, el Puente Colgante, Unión, Colón o un paseo por la peatonal, como así también los que llegaron a ver el Mundial y a tratar de no gastarse todos los ahorros para comprar entradas (estuvieron a un valor de 2.000 dólares para este partido con Egipto).

Volviendo a Messi, el doctor Luis Rodríguez Peragallo, ex dirigente de Unión, opositor a la actual gestión de Luis Spahn, tiene 57 años (“los mismos que tengo de socio de Unión”, aclara) y tuvo el privilegio, como tantos de su generación, de ver jugar a Messi y a Maradona. “Me quedo con Messi y te lo explico por una sola razón: lleva 20 años de carrera en el máximo nivel y un promedio de 50 goles por año. Para mí, insuperable”, más allá de no eludir alguna que otra referencia a Unión y animarse a tirar potables futuros candidatos a presidir el club: “Jorge Molina, Sergio Winkelman, Leonardo Simonutti, Facundo Vega, más algún otro que se me pueda estar escapando, son los que entienden de qué se trata. Lamentablemente, no soy optimista de que esta situación mejore al paso que vamos”, dijo, entre otras cosas, en su primer “experiencia mundialista” acompañado de algunos amigos.
Hablando de fútbol, la gran mayoría estuvo de acuerdo con la entrada de Julián Alvarez por Lautaro Martínez. Y también con la necesidad de modificar cosas en el equipo, tratando de mejorar la actuación del viernes en Miami ante Cabo Verde. Y más allá de eso, también todos coincidieron en que el equipo había sido previsible, algo monótono y sin sorpresa a la hora de atacar, conceptos que contradicen con lo remarcado por Scaloni en la conferencia, cuando dijo que “le pedí a los muchachos que seamos pacientes, que no pensemos en que tenemos que llegar en dos toques al área rival sino que juntemos pases y esperemos la oportunidad”.
Esa “vuelta al mundo” gigante que tanto identifica a esta ciudad y es un símbolo de Atlanta, porque está ubicada justamente delante del ingreso al Centennial Park (donde estuvo la villa olímpica en los Juegos del 96), no pasó desapercibida para ninguno de los más de 70.000 que pusieron tempranito el despertador para llegar al imponente Mercedes Benz, una joya de la arquitectura deportiva que tiene apenas 9 años y en el que ya Argentina había jugado en el 2024, cuando le ganó a Canadá.
Y un último detalle: muchos vuelos desde distintos lugares de Estados Unidos se cancelaron, algunos de ellos por las cuestiones climáticas que tanto afectan en esta parte del año. Muchos argentinos con los que charló El Litoral, contaron que debieron apelar al micro para viajar por vía terrestre. Algunos lo hicieron por 8 o 9 horas, pero la gran mayoría lo hizo por más de 16, como por ejemplo un compatriota que se vino a Atlanta desde Nueva York. “Por nada del mundo me iba a perder de verlo a Messi”, contó, a la vez que ya empezó a hacer cálculos (y contactos) para una hipotética final en Nueva Jersey. “La tengo enfrente, no puedo faltar”, cerró, una previa en la que no faltaron los despertadores… Y la pasión única que despierta el amor por una camiseta.










