"La venganza nunca es una línea recta. Es un bosque. Y como un bosque, es fácil perderse. Perderse. Olvidar por dónde entraste". Hattori Hanzo
El estreno de "The Whole Bloody Affair" (en castellano "Todo el sangriento asunto") es una experiencia distinta a la original, que llegó en dos partes entre 2003 y 2004. ¿Qué cambia en la narrativa y por qué el film sigue marcando tendencia?

"La venganza nunca es una línea recta. Es un bosque. Y como un bosque, es fácil perderse. Perderse. Olvidar por dónde entraste". Hattori Hanzo
El 26 de febrero llegará a los cines argentinos "Kill Bill: The Whole Bloody Affair", la versión integral concebida por Quentin Tarantino que unifica en un solo relato las dos entregas estrenadas entre 2003 y 2004.
Es una propuesta que vale la pena para quienes (cómo el autor de estas líneas) consideran a Tarantino un cineasta de primera línea. Más de cuatro horas y media de metraje, escenas extendidas y una estructura continua que repiensa la experiencia original de"Kill Bill: Vol. 1" y "Kill Bill: Vol. 2".
Calificar esto como "reestreno" es inexacto. Es, en realidad, la llegada oficial a salas comerciales de un montaje largamente esperado por el público cinéfilo, que durante años circuló como versión mítica en festivales y proyecciones especiales.
Ahora, con estreno en Argentina ya confirmado, la obra podrá verse tal como fue imaginada por su autor, limitado por los estudios, que temían una mala recepción. O sea, una única película dividida en capítulos, sin la separación que impuso el mercado a comienzos de siglo.
Cuando "Kill Bill" irrumpió en 2003, el panorama del cine comercial estaba dominado por franquicias y relatos lineales. No necesariamente fallidos, sino todo lo contrario. Cabe señalar que "El señor de los anillos: el retorno del rey" y "Río Místico", de Clint Eastwood son de ese mismo año.
Pero lo que hay que decir es que Tarantino propuso otra cosa: una obra que se proponía amalgamar el spaghetti western, el cine de samuráis, las artes marciales hongkonesas, la serie B estadounidense, el animé japonés y hasta algo de noir.
La decisión de dividir la historia en dos partes respondió a la extensión del metraje y a criterios comerciales de distribución. Sin embargo, desde el inicio el director sostuvo que su visión era una sola película.
"The Whole Bloody Affair" materializa aquella intención tarantiniana. La venganza de La Novia (personaje inspirado en una novela de William Irish) se lleva a cabo así sin interrupciones, con una progresión dramática que cambia la forma en que se percibe el arco narrativo.
En términos históricos, "Kill Bill" hizo de Tarantino uno de los autores más influyentes del cine contemporáneo. Si con "Perros de la calle" y "Pulp Fiction" había redefinido la estructura fragmentada en los 90, "Kill Bill" profundizó esa búsqueda desde una dimensión más radical.
Uno de los rasgos del estilo de Tarantino es la estructura quebrada. No era algo tan novedoso (basta revisar "El ciudadano" de Orson Welles) pero sí la forma en que el cineasta la combinó con los nuevos tiempos.
En "Kill Bill", la historia no avanza de manera lineal: se construye a partir de capítulos autónomos que reorganizan el tiempo y alteran sustancialmente la expectativa del espectador. Que pasa de la pura adrenalina a una pausa más reflexiva.
El relato comienza con la masacre en la capilla y luego retrocede, salta y repiensa el itinerario de La Novia. En la versión unificada, esos desplazamientos adquieren mayor coherencia interna. La tensión no se interrumpe, sino que se acumula hasta el enfrentamiento final con Bill.
La estructura capitular, además, dialoga con el lenguaje del cómic y la literatura pulp, dos influencias muy importantes en la obra del director. Cada segmento posee identidad visual y musical propia y eso subraya la sensación de "collage".
La violencia en"Kill Bill" es estilizada, coreográfica, abstracta. La secuencia de la Casa de las Hojas Azules, ícono de la cultura pop, tiene sangre hiperrealista, encuadres geométricos y una puesta en escena que puede ser tanto del cine de artes marciales como del western clásico.
Pero el film no se agota en su espectacularidad. La construcción de La Novia, interpretada por Uma Thurman, es compleja. Víctima y verdugo, madre y guerrera, atravesada por la traición y el deseo de justicia. La venganza no aparece como impulso ciego, sino como un proceso.
En este sentido, la película anticipó debates posteriores sobre la representación femenina en el cine de acción. En 2003, una protagonista que dominaba el relato desde la acción y la determinación resultaba claramente disruptiva dentro del mainstream hollywoodense.
En la trayectoria del director, "Kill Bill" es un quiebre. Marca el fortalecimiento de un estilo que luego reaparecerá en "Bastardos sin gloria" y "Django sin cadenas", donde otra vez se releen los géneros clásicos. Además, tanto Hans Landa como King Schultz podrían, sin problemas, ser parte del universo de "Kill Bill".
A diferencia de otras obras de su filmografía, "Kill Bill" es, quizás, su proyecto más abiertamente cinéfilo: un homenaje explícito a décadas de cultura audiovisual. En esa apropiación y resignificación reside buena parte de su influencia en el cine posterior y en la estética contemporánea.
El estreno en Argentina de "Kill Bill: The Whole Bloody Affair" ocurre en un contexto dominado por el consumo en plataformas digitales. La posibilidad de ver esta versión extendida en pantalla grande reactiva la experiencia colectiva del cine.
Además, dos décadas después de su debut original, la película dialoga con nuevas generaciones que crecieron en un ecosistema cultural atravesado por la hibridación y el remix. Lo que en 2003 era provocador, hoy puede leerse como antecedente directo de una sensibilidad audiovisual que hizo corriente la mezcla de géneros.




