El Miami Security Forum, organizado por The Heritage Foundation en el complejo Trump National Doral Miami, reunió a dirigentes políticos y, en esta ocasión, a representantes de la sociedad civil, entre ellos la Fundación Diplomacia Ciudadana. Soberanía, seguridad fronteriza, identidad cultural, libre comercio y recursos naturales, fueron algunos de los temas principales que se trataron.
Arquitectura para un nuevo hemisferio
América Latina, vista como reserva estratégica global, enfrenta el desafío de equilibrar integración regional con soberanía nacional en la explotación de recursos.

La combinación de poder político, doctrina estratégica y articulación esférica ha configurado un cuadro claro y firme de nuestros desafíos, que merece ser analizado con atención. El eje central del foro fue la construcción de una agenda común en materia militar, política y de recursos naturales.
La premisa de fondo: consolidar una arquitectura integrada desde Alaska hasta Tierra del Fuego, con la fuerza y la decisión para enfrentar mancomunadamente los desafíos compartidos y garantizar el control estratégico de los recursos del hemisferio. En un mundo que se fragmenta en bloques, la apuesta es concebir el continente como una unidad de destino más que como una mera coincidencia geográfica.
No es una idea nueva, pero adquiere hoy, tras el alineamiento de Argentina a la agenda geopolítica de Donald Trump, una urgencia institucional que antes no tenía.
Las coincidencias con otros actores fundamentales del encuentro conservador fueron una premisa en las conversaciones: el foro no eludió los principios que nos unen como occidentales y cristianos: Dios, patria y familia. No como consigna vacía, sino como base normativa explícita del orden que se propone construir.
La tradición cristiana aparece como fundamento moral de ese orden; la patria, como expresión concreta de soberanía frente a presiones externas; y la familia, como núcleo donde se articulan valores, trabajo y dignidad. Lejos de presentarse como herencia inmóvil, estos pilares son descritos como elementos en disputa activa, cuya defensa requiere no sólo convicción, sino acción política organizada.
Seguridad, más allá de las fronteras
El mapa de amenazas tiene en cuenta los desafíos habituales pero también los emergentes. El narcotráfico, el terrorismo y la trata de personas fueron tratados como hipótesis de conflicto que nos afectan a todos al igual que la influencia creciente de potencias como China, Irán y Rusia en la región. En ese marco, hubo intercambios enriquecedores con actores del sistema de seguridad hemisférico.
Entre ellos: Andrew Sanders (Inter-American Defense College), el Coronel Eldridge Singleton (Whinsec), Theo Wold (de Palantir), Scott Sherwood (Kpler), el Brigadier General Arthur J. Garffer (Homeland Security, Puerto Rico), Roberto J. Gonzalez (Miami-Dade County) y Peter Mihók (por la delegación de la Unión Europea).
También estuvieron Joseph Humire (Center for a Secure Free Society), Pedro Urruchurtu (oposición venezolana), Austin Johnson (Cámara de Representantes de Estados Unidos) y Alex Fitzsimmons (Departamento de Energía).
Se trató de conversaciones orientadas a cooperación concreta en defensa, tecnología, energía y articulación política regional, donde Argentina puede posicionarse como un actor con capacidad de interlocución y propuesta. De esa combinación de agendas comunes surge una noción ampliada de seguridad, donde lo militar, lo económico y lo cultural se entrelazan.
No se trata solo de proteger fronteras físicas, sino de resguardar un modelo de sociedad: sus instituciones, sus mercados, su identidad. La amenaza no viene solo de potencias extrañas o de carteles que parasitan nuestras sociedades, sino también de influencias ideológicas y culturales o dependencias económicas.
Riqueza estratégica común
Los recursos naturales atraviesan toda la agenda. América Latina emerge en este esquema como reserva estratégica global: agua, minerales críticos, energía, biodiversidad. Una riqueza que, en el contexto de la competencia entre grandes potencias, adquiere un valor geopolítico sin precedentes.
La coordinación regional busca ordenar su explotación y protección. Pero esa coordinación abre una tensión que no puede ignorarse: cómo equilibrar integración hemisférica con soberanía nacional, cómo garantizar que los beneficios de esos recursos queden en manos de los pueblos que los habitan y, en especial, de la cultura del trabajo, que tiene, para mi fundación, una importancia preponderante.
En este esquema de acuerdos, el trabajo no es solo una variable económica. Es una expresión de dignidad. El principio es concreto: que cada trabajador pueda sostener una vida digna, defender a su familia y proyectar su propio desarrollo.
Aquí el discurso político necesita hacer una distinción respecto de la mirada ultraliberal: necesitamos retornar a una la central de los valores, la estabilidad social y la legitimidad política para converger a la figura concreta del trabajador, que es un actor clave, protagonista del orden que se quiere construir.
Entre libre comercio y proteccionismo
Quizás el punto más revelador del foro fue la asunción explícita de una tensión doctrinaria que otros espacios suelen eludir.
Aunque el proyecto cuyo espíritu compartimos con la Heritage Foundation se reconoce como promotor del libre comercio, también abraza la lógica proteccionista que emana de las decisiones pragmáticas de los dos gobiernos de Trump: cuidar a las empresas, las fábricas y los trabajadores frente a una competencia que, en el esquema de la globalización de los mercados, no siempre es leal.
La premisa que subyace es que la dignidad humana no debe estar al servicio del mercado, sino al revés. De allí emerge una identidad política bien definida -proteccionista, nacionalista y conservadora- que busca combinar crecimiento económico, cohesión social y continuidad cultural.
No es una posición sin tensiones internas, pero tiene la virtud de la honestidad: nombra lo que las élites liberales suelen eludir o disfrazar mediante discursos vacíos. En este horizonte, la participación ciudadana es clave. Continuar con los principios impulsados por Kevin D. Roberts, cuyo último discurso comparte nuestra mirada, es necesario para abrir el juego al ciudadano de a pie.
Es una apuesta por construir desde adentro, con voz propia, el orden regional que estos espacios promueven. Lo ocurrido en el Foro de Seguridad en el Doral de Miami no fue un evento rutinario. Fue una señal de época. El hemisferio comienza a pensarse a sí mismo como bloque en un mundo en transición.
Lo que está en juego es la defensa de una tradición civilizatoria que reconoce en el cristianismo uno de sus pilares fundamentales, y en la familia y el trabajo, sus expresiones más concretas. No es solamente un compromiso con el presente, sino -como enseñaba Edmund Burke- con quienes nos precedieron y con quienes vendrán. Porque este tiempo no admite neutralidad.
Nos exige elegir, involucrarnos y sostener lo que creemos. Y en ese camino, sabemos que no estamos solos: hay una red de hombres y mujeres, en todo el hemisferio, que están dando la misma discusión, con la misma claridad y la misma decisión. Esa decisión es un proyecto que nos convoca y abraza a todos por igual, de Alaska a Tierra del Fuego. América para los Americanos.
El autor es el director de la Fundación Diplomacia Ciudadana.













