A través de estas líneas vuelvo a proponer una iniciativa de la que he dado detalles en otras oportunidades y que a mi entender debiera ser de aplicación en el orden nacional, en todos los niveles administrativos del país. La propuesta no es nueva y ya la describí anteriormente a través de los diversos escritos públicos que realizo: el Impuesto Único y Universal.
La necesidad de implementar el Impuesto Único y Universal
Frente al peso tributario y el trabajo precarizado, surge la propuesta de unificar gravámenes comerciales para oxigenar pymes y recomponer los salarios.

Se trata de un mecanismo de gestión ideado para brindarles a quienes nos gobiernan una herramienta concreta, que tiene que ver con la necesidad de bajar o eliminar impuestos.
Como siempre, en forma paralela, insisto en que una de las cosas que tiene que hacer el gobierno de nuestro país es mejorar la forma de informar la realidad de los números que maneja o proporciona, además de que debiera regirse por el principio elemental de la austeridad.
En principio, debemos establecer que por la mentalidad del ejercicio del poder que da el "unitarismo" enfocado en la visión centralizada en Buenos Aires, a través de los años una de las supuestas "soluciones" implementadas fue siempre la de "crear" impuestos.
Tiene que ser empleo "en blanco"
Eso generó -indefectiblemente- la realidad actual, en la que una gran mayoría de los habitantes de nuestra patria trabajan "en negro" o cobran una parte de su sueldo en esas condiciones, precarizándose así cualquier relación laboral.
Por eso es necesario empezar por lo básico y centrarnos en mejorar sí o sí la situación del trabajador "en negro", la que implica que haya empleadores "en negro", ya que en muchas situaciones el empleador recurre a esa decisión para abaratar costos y evitar alevosas cargas impositivas (léase destructivas).
En tal sentido, la del Impuesto Único y Universal es, en definitiva, una clara propuesta para que todos los argentinos trabajemos "en blanco", y que quienes nos gobiernan abandonen un enfoque impositivo exclusivamente recaudatorio, y por ende financiero, no productivo.
Pero para que ello ocurra es imperativo lograr un cambio de mentalidad en muchos de quienes nos gobiernan y legislan, la famosa "casta" política. Justamente para que no sean eso, una "casta": un sector alejado totalmente de la realidad, de la gente, del pueblo, de los ciudadanos "de a pie".
Muchos de nuestros dirigentes políticos viven totalmente alejados de la realidad del resto de la sociedad. Su realidad parece ser otra, al menos en los casos que vemos reflejados en los noticieros, demás programas informativos o de chimentos acerca de la vida que llevan algunos de los que nos administran.
Yo creo que a la gente, al pueblo, eso le da náuseas, por no decir asco. Por eso, sin ser un profesional, como argentino que opina y propone iniciativas, estoy dispuesto a debatir ideas y propuestas con los que gobiernan, porque entiendo lo que significa administrar el dinero de terceros. Y no sé si los que gobiernan pueden decir lo mismo.
Los dos primeros pasos
El primer paso para la aplicación del Impuesto Único y Universal es simple: en cada acto de negociación empresarial o comercial, el que compra deberá abonar el "impuesto" sobre el valor de compra y el que vende lo deberá agregar a la factura correspondiente.
Así, el vendedor se transforma en un "agente de retención", que al lunes siguiente se dirigirá a uno de los bancos autorizados para recibir ese depósito.
Las entidades bancarias, a su vez, deberán transferir el 20% al municipio de origen, el 40% al gobierno provincial, el 30% a la Nación y el 10% al Banco Central de la República Argentina (BCRA), en este último caso para pagar la deuda externa (la que nos está ahogando, mientras algunos de los dirigentes políticos o gobernantes de los que hablo dilapidan el dinero del pueblo).
A partir de la aplicación del Impuesto Único y universal, los entes públicos provinciales y nacionales no podrán cobrar otro impuesto. Cero impuestos.
El monto del impuesto único lo determinará una Comisión de Especialistas, después de recabar información veraz y fidedigna de todas las transacciones comerciales existentes en el país.
A "ojo de buen cubero" podría decirles que sería apropiado establecerlo entre el 5% y el 10%, porcentaje que está muy pero muy por debajo de todo lo que le cobran a la gente en materia impositiva en la actualidad.
El segundo paso está ligado al "éxito" o "fracaso" del anterior, porque se trata de una rueda imaginaria que tiene que rodar bien desde un principio para poder funcionar.
Eliminando los impuestos destructivos que se cobran ahora, por una cuestión lógica, las empresas -fundamentalmente las consideradas pymes-, los comercios y microemprendimientos podrán bajar sus costos operativos, y a la vez empezar a abonar mejores sueldos o salarios en "blanco", convirtiendo al asalariado en el motor de la economía.
No como acontece en la actualidad, en que el empleado/trabajador está muy endeudado y ya hace bastante que dejó de ser el motor de la economía, que por lo tanto se empobrece. Hoy, debido a esa situación laboral imperante aumentan también los despidos y los ciudadanos sin trabajo, "en la calle" como se dice.
Que la gente recupere su dignidad
Por eso esta propuesta es, insisto, para que ellos justamente tengan un futuro dentro de nuestro país, que actualmente muestra a mucha gente con deudas imposibles de pagar, intentando cualquier "changa" o aceptando trabajar en "negro" para poder sobrevivir.
Esa precarización lleva al pueblo a perder la dignidad y agachar la cabeza, mientras otros sectores –ligados por ejemplo a las finanzas, la política o los capitales extranjeros-, multiplican sus ganancias.
Como cierre de la propuesta, es decir como tercer paso de la rueda, deberían sacarse dos ceros a nuestra moneda. Ojo, a no asustarse, no es devaluación del peso si su poder adquisitivo ya está completamente desvalorizado, por el piso (es decir devaluado).
Le tocaría a los que hoy nos gobiernan hacer un mea culpa y hacerse cargo de lo que está pasando. La economía de las finanzas está afectando los salarios, la producción, el comercio, los servicios de la salud y a la educación.
El pueblo argentino no merece estar así, en esta situación en la que nos toca subsistir. Nada podemos hacer si nuestros representantes legítimos, diputados y senadores, son complacientes o no tienen la capacidad de hacer propuestas en otra dirección, la de la Argentina productiva.
Evidentemente están cómodos con su estatus, mientras la gente siente el rigor de lo que nos pasa. ¿Hasta cuándo acompañará con paciencia lo que ocurre, sin reaccionar?
No estoy a favor de la violencia, para nada, pero los que nos gobiernan tienen que entender y tienen que recapacitar: si no pueden o no son capaces de revertir la situación económica, tienen que dar un paso al costado o cambiar el rumbo.
Tienen que ser un poco más cercanos a la gente, mostrar algo del espíritu humano que hace falta en estos casos y que tanto necesitamos. Por mi parte, seguiré invocando el ejemplo de Jesús (tan necesario en todo momento, no solo en los difíciles) y aportando mi granito de arena en defensa de nuestra patria.














