El 30 de septiembre finalizó el Mes de la Biblia con la Fiesta de San Jerónimo, patrono de la ciudad de Santa Fe. La Iglesia, al proponernos este tiempo tan especial, quiso acercar la Palabra de Dios al pueblo para que la conozcamos más y mejor, pues: "No hay vida cristiana sin la Palabra de Dios".
"Mi amigo tenía una viña: él esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios"
Una reflexión sobre la crisis argentina a la luz del Evangelio, la pérdida de valores morales y la necesidad de dirigentes con vocación de servicio patrio.

Los textos bíblicos de hoy, tanto la primera lectura como el Evangelio, hacen referencia a la viña, que, en el lenguaje bíblico, es símbolo del Pueblo de Dios. Hablar de la viña es hablar de nosotros, es hablar de nuestra patria, la Argentina.
La belleza, el desarrollo de la viña depende de lo que somos y hacemos o lo que dejamos de hacer. Podemos cuidarla, podemos jugarnos por ella o podemos ser mezquinos y hasta podemos robar a la viña y no faltan los que lo hacen. Los resultados en cada caso son bien distintos. En la primera lectura de hoy, el Profeta Isaías nos dice:
"Mi amigo tenía una viña en una ladera fértil. La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que diese uvas buenas, pero dio frutos agrios. ¿Podría el Señor hacer algo más por su viña que no haya hecho?".
El profeta Isaías se siente profundamente decepcionado con la actuación de su pueblo y sus paisanos: "Dios esperaba que la viña diera uvas, pero dio frutos agrios". Lamentablemente el pueblo judío ha defraudado al Señor. Pero, en realidad, se defraudó a sí mismo.
Cuando el hombre opta por la injusticia, por la mentira y falsedad no solo se autodestruye a sí mismo, sino la misma sociedad en la cual vive experimenta una decadencia, se va a la ruina, y se empobrece. La historia bíblica abunda en ejemplos de esta triste realidad.
Es bueno, oportuno y hasta incluso necesario preguntarnos hoy: ¿cómo está la viña del Señor llamada Argentina después de cinco siglos de evangelización? ¿Cómo está la viña, nuestra patria después de celebrar el Bicentenario? Hace unos años nos invadió el virus de la pandemia y en muchos casos incluso hasta ahora queremos culpar al Covid 19 por todos los males que nos aquejan.
Pero, el virus de la corrupción, del saqueo, de la mentira y de la manipulación que afecta el desarrollo económico, político, social, educativo y cultural, se instaló mucho antes en nuestra "viña" llamada Argentina.
No nos invadió ningún país extranjero, no sufrimos grandes catástrofes como terremotos, e inundaciones. Solos, absolutamente solos desde hace décadas, acompañados por nuestros líderes, politicos y dirigentes nos estamos empobreciendo.
Pregunto: ¿nos cabe alguna responsabilidad por lo que pasa en nuestra viña? ¿Nos interesa el bien material y espiritual de nuestros hermanos que conviven y trabajan en esta "hermosa y empobrecida viña", llamada Argentina? Hoy es muy importante examinarnos porque:
* Los valores éticos y morales como: la honestidad, la rectitud, el esfuerzo, el trabajo están bastante olvidados. Hace unos años hasta el mismo ex presidente Alberto Fernández nos decía: "Yo no creo en el mérito, no creo en la meritocracia". Qué pena. ¿Se puede decir a nuestros estudiantes que no vale la pena esforzarse, superarse; que no vale la pena quemar las pestañas para ser alguien?
* En nuestra viña, desde hace tiempo está instalado el robo, la delincuencia, la inseguridad. Los medios de comunicación social denuncian grandes estafas y sin embargo todo sigue igual. ¿Y la justicia, dónde está? Lamentablemente muchos tenemos la impresión que nuestro sistema judicial con frecuencia, no siempre, menos mal, se preocupa más por cuidar a los ladrones que se adueñaron de los frutos de la viña, que impartir justicia.
* ¿Por qué la educación no es prioridad en nuestra patria y no figura en la agenda de los legisladores como un tema de debate permanente? ¿No es peligroso para los padres y las familias esperar tranquilos que todo lo decida el gobierno? ¿Es prudente depositar tanta confianza en los expertos en educación?
Concluyendo, me permito regalarles las bellas palabras de monseñor Oscar Romero, obispo y mártir de América Latina, que antes de morir, nos decía: "Lo que quiere la Iglesia es inquietar las conciencias. Una Iglesia que no provoca crisis, un evangelio que no inquieta, una palabra de Dios que no toca el pecado concreto de la sociedad que está evangelizando, ¿qué evangelio anuncia?"
Del mismo modo un cristiano que no cuestiona los males y las injusticias que acontecen en su viña... ¿qué evangelio anuncia?
Que Dios nos bendiga.
Se necesitan patriotas (1)
Nuestra historia se fundó sobre los hombros de gigantes como José de San Martín y Manuel Belgrano, hombres que obraron sin esperar recompensa alguna. Belgrano donó los premios en oro que recibió por sus victorias militares para construir escuelas públicas y murió en la pobreza absoluta.
San Martín rechazó cargos, honores y pensiones; prefirió el exilio antes que participar en luchas por el poder. Ambos encarnaron el verdadero significado de ser un "patriota": anteponer el interés general al beneficio personal. Hoy en día, esa demanda es más urgente que nunca.
Mientras los trabajadores argentinos hacen malabares diarios para llegar a fin de mes, pagando infinidad de altos impuestos, observamos que a la dirigencia política solamente le interesa "llevar agua a su propio molino", enfocándose en internas partidarias e ignorando las necesidades del ciudadano de a pie.
Los políticos deberían saber que el patriotismo es un sentimiento de amor, orgullo y devoción de un individuo hacia su patria. En nuestro país faltan líderes que recuperen la ética y mística de San Martín y el compromiso auténtico de Belgrano.
Necesitamos dirigentes que prioricen el bienestar de la gente por encima de cualquier ambición sectorial. Solo volviendo a las bases morales de nuestros próceres podremos rescatar el futuro de la Argentina.
(1) Llegan Cartas: aporte del lector Hugo Modesto Izurdiaga.














