La decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que dejó sin efecto la designación de Martín Doñate como representante de la segunda minoría del Senado en el Consejo de la Magistratura, por la vía de revocar el decreto parlamentario que lo establecía y fuera judicialmente impugnado por Luis Juez, desató una tormenta política cuyos efectos institucionales aún están en proceso de definirse. Y, a la vez que responde a criterios absolutamente jurídicos, se inscribe en un contexto fuertemente político. Y lo quiera o no, habilita la instancia de una nueva partida, para la cual el Tribunal delimita jurídicamente el tablero, pero que quien deberá jugar es la política. Una partida que para algunos consiste en una meticulosa batalla de ajedrez, y para otros, una taimada confrontación de póker. Y que, más allá de lo que se pueda decidir para los días que restan hasta entonces, tiene como plazo el 18 de noviembre, fecha en la que se renueva el Consejo.



































