I - Para nada sorprende una nueva entrega de lo que es una larga saga de cuestiones "rafaelinas" iniciada hace varios libros, más de treinta. Cuando todavía se escuchan comentarios de la anterior, "Gambalunga", llega otro trabajo en formato parecido, pero con un perfil propio: historia política. Ese tema que el autor fisgoneó en otros escritos pero que no se decidía a que la pluma corra por esa senda.
Sexto piso
Recensión a la reciente obra del narrador rafaelino Edgardo Daniel Peretti.

Criado en un hogar de trabajo, como todos en la Perla del Oeste, compartió las charlas de los mayores -virtuosa mezcla de polacos y piemonteses- y fue testigo de los compromisos con la política en las filas del "gran movimiento nacional y popular" como le gustaba llamarlo al líder creador y conductor indiscutido.
Apenas pudo y en esos tiempos tan agitados de 1973, curioseaba las unidades básicas y los comités para estar al corriente de lo que se tramaba. Claro está que con los primeros tuvo más afinidad y compromiso.
II - Si bien sus textos se reconocen "a la legua", pertenece a ese grupo cuyos formadores fueron Juan L. Ortiz y Juan José Saer, que escriben desde un territorio determinado, para el caso, un pueblo del oeste santafesino, para recrear esos tiempos con todos sus detalles.
En una polifonía de historias va transitando por distintos lugares de ese vecindario con sus personajes y espacios donde se remonta hasta la cumbre de temas como la convivencia, la solidaridad o la más pura teoría política.
El eje central de este nuevo capítulo de los relatos perettianos se ubica en el palacio municipal rafaelino y a partir de una manifestación, muy al pasar, en tono de filosofía política: "Ustedes están en el sexto piso…" que habría dicho un ciudadano -Norberto Besaccia- a un grupo de ediles para impulsar una norma de avanzada y vinculada a la ecología.

A partir de esta sentencia, que bien pudo haber sido dicha como bien pudo haber sido inventada, pero en todo caso corresponde al patrimonio del autor, se desgranan una serie de capítulos breves. Desde los primeros con rigor histórico relativos a las campañas electorales, candidatos y resultados comiciales, en donde el autor está amordazado por el ahogo de los números y las estrecheces de los resultados.
En todo caso la obra posee una tonalidad narrativa afectiva y hasta a veces melancólica. Cierta truculencia con algunos pasajes es afín a una ética que no conoce de traspiés y de su compromiso con la realidad de su tiempo que no lo constriñe a un mero realismo, sino que lo lleva a cierta libertad a veces risueña y otras al límite de la hilaridad.
III - Se pasa revista a todos los elencos de concejales, por lo que el trabajo tiene un valor histórico por el rigor de lo expuesto. No faltan pasajes de la historia que a veces en los pliegues de las generaciones se van esfumando.
Como el del año 1973 cuando Juan Domingo Perón había ordenado hacer el Frejuli y por ello imponía a un rancio conservador como vicepresidente y en Santa Fe un acuerdo con los radicales desarrollistas. En ese tono llega a Rafaela don Carlos Sylvestre Begnis para acordar alianzas y listas.
En pleno intercambio, uno de los presentes le dice a "Lito" Maina (el histórico referente rafaelino), "... che, estos no son los que tumbaron los bustos de Perón y de Evita y decían que debían fusilarnos a todos". Se entenderá que el encuentro sucumbió y se conformó una lista pura, bajo el rótulo de "Partido Justicialista" que logró un lejano tercer puesto ese domingo 11 de marzo.
Se nombran a muchas personas, cientos, claro que no todos con la misma intensidad. Entre ellas rescata la presencia de la mujer en la puja política. Tampoco podía estar ausente el demoprogresista Luis Peretti -sin vínculos parentales- que durante siete períodos ocupó una banca: el primero en 1973 cuando ingresó a la lista como segundo de Florentino Rivarossa.
IV - El autor lleva una clara ventaja -Peretti haría decir a uno de sus personajes; corre con el caballo del comisario-, ya que se desempeñó como cronista legislativo una buena cantidad de años. De forma que conoce muy bien la dinámica y los gestores del órgano legislativo local.
Ello significa un mérito que lo plasma en las cuartillas con las referencias de fuentes de primera mano, tal como decimos en la ciencia de la Historia. Desde 1980 comenzó a trajinar por los talleres y la redacción de La Opinión, bastante tiempo con la mirada de Emilio Grande.
Si bien dejó de serlo a tiempo completo en el 2006, nunca dej de colaborar. Pero su cursus honorum en el oficio se ennoblece con el tiempo del periodismo deportivo: desde las transmisiones detrás del tejido hasta los reportajes de los deportistas.
Si bien son especialidades distintas, en los pueblos, ambas actividades están estrechamente vinculadas. La popularidad en el deporte hace al conocimiento en el electorado.
Pero volviendo a las glosas legislativas, nuestro autor no era de los que arman la nota a partir de lo que recoge de comentarios. Estaba en las reuniones de comisión, en los pedidos de informes, en el pasillo, en la búsqueda de antecedentes en los archivos de las redacciones o en la hemeroteca.
O donde sea. También hay que decirlo, esa fuerza vocacional algunas veces se tornó incómoda por esas oquedades de lo que debería ser público.
V - De esa libreta de apuntes que, junto a una agenda, el diario del día, más otro de fecha anterior y unos libros que siempre portaba en la mano en ese trajinar raudo para llegar a la redacción, salen datos verdaderamente inéditos.
También anécdotas y sucesos, algunos trascendentes, otros hilarantes, llegan en esas páginas. La obra está editada por "Karlovich ediciones" y producida por Mapp Contenidos, todo vinculado al autor.
VI - Con renovado gozo disfrutamos de sus páginas que nos permitieron, por momentos, volver a esos años de tantas ilusiones por la causa política entendida ésta como un servicio para la sociedad y no para servirse de ella. Esa percepción es la que sostiene el autor.
















