Tiempo atrás se propagó a través de las redes sociales un video donde un niño predicador exclamaba apasionadamente ante su auditorio: "¡Yo no soy pariente del mono!". A propósito, en 1917, Sigmund Freud calificó a la teoría de la evolución de Charles Darwin como una herida narcisista, es decir, una ofensa al amor propio de la humanidad, en pie de igualdad con la caída del geocentrismo (la tierra como un punto fijo en el centro del universo) y su propia noción de inconsciente (una forma de pensamiento que escapa a la consciencia). Sin detenernos en el viejo debate entre creacionismo y evolucionismo, entre los argumentos de los teólogos y los naturalistas -en suma, una puja de racionalidades entre la fe y la ciencia-, no solo los modernos análisis cromosómicos emparentan ambas especies, sino también otros aspectos generales de la psicología del comportamiento.


































