Los dioses nos libren de análisis largos y centrados en cuestiones personales (que se terminan tan rápido como la vida de sus protagonistas: sus fuegos fatuos se apagan con el último suspiro) y no en el valor específico de una obra, que sí puede, quizás, perdurar. Por lo mismo debo confesar temprano que (contra los mandatos antes enunciados) conozco a Ricardo Tonini desde hace casi medio siglo: compartimos el colegio secundario y luego la carrera de Letras en la Universidad Nacional de Santa Fe, ciudad donde ambos vivimos.



































