Queridos amigos de todos los domingos. ¿Cómo están? Este domingo celebramos el Día de la Madre. Y en un día tan especial, no puedo dejar de hablar de ellas. Al comenzar esta reflexión dominical me pregunto: ¿por qué lo hace nuestra sociedad? ¿Por qué lo celebra la Iglesia? ¿Qué nos motiva? Las razones son muchas. Es por ello que me permito señalar solo algunas. Se celebra el Día de la Madre:
"¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz?"
Una emotiva reflexión rescata el sentido de gratitud hacia las madres, repasa el origen histórico de la fecha y llama a valorar su entrega diaria.

- Para rendir homenaje a quienes nos dieron la vida. Si estamos aquí se debe a nuestras madres, a su amor incondicional y a su entrega.
- Para agradecer por todo lo que ellas hicieron por nosotros: nos criaron, nos educaron, y siempre están presentes.
- Para preguntarnos: ¿las amamos, las respetamos, las visitamos? ¿Tenemos tiempo para ellas o están solas o abandonadas?
- Porque en la Iglesia oramos por ellas, ya que muchas no están físicamente, pero su amor continúa, su amor no muere.
Nos preguntamos también: ¿Cuál es el origen de la fiesta? Mientras algunos atribuyen la celebración del Día de la Madre a una estrategia comercial, su inicio tuvo un origen muy diferente, que se remonta al siglo XVII en Inglaterra. En ese tiempo, debido a la pobreza, una forma de trabajar era emplearse en las grandes casas o palacios, donde se daba techo y comida.
Un domingo del año, denominado "Domingo de las Madres", a los sirvientes y empleados se les daba el día libre para que fueran a visitar a sus madres, y se les permitía hornear un pastel (conocido como "tarta de madres") para llevarlo como regalo.
Me emociona contar esta historia, porque incluso en tiempos de tantas injusticias aparecen signos de gran amor y gratitud. Muchas cosas lindas se han dicho sobre las mamás y sobre el amor materno que seguramente se seguirán escribiendo. Me sumo a todas ellas subrayando la fundamentación bíblica.
Desde el Libro del Génesis se nos dice que la primera vocación de la mujer es ser madre. El mandato de Dios es explícito: "Dios dijo: sean fecundos y multiplíquense".
Ser profesional, tener un cargo en la sociedad es importante y valioso. Qué duda cabe. Pero solo la mujer tiene el privilegio de ser madre, solo la mujer tiene el privilegio de llevar bajo su corazón la criatura. Solo la mujer puede escuchar la palabra mágica: Mamá.
¿Cómo no expresar hoy nuestro cariño y gratitud a las mamás? Gracias mamás queridas por colaborar generosamente con el "Plan de Dios". Esto recobra su importancia en este tiempo cuando nos preocupa la baja tasa de natalidad.
Ser madre es una vocación, pero también una entrega y donación de sus vidas. Hace un tiempo un ginecólogo norteamericano decía: "Cuando una madre da a luz, por muy difícil que haya sido su parto, lo primero que pregunta es: ¿Cómo está mi hijo? Jamás su primera pregunta ha sido cómo está ella".
Y es que una madre se preocupa más por sus hijos que de ella misma. Una madre, si hace falta, se pasa la noche junto a la cama de su hijo, y no se acuesta en cuatro días, porque está enfermo. No por casualidad decimos: "No hay amor en la tierra como el amor de una madre".
Y el profeta Isaías también agrega: "¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho, y dejar de amar al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré!" Qué bello, realmente. Y es así porque desde el primer instante en que estuvimos en el vientre de nuestra mamá, algo especial, imposible de explicar con palabras, nos unió para siempre.
Y con el paso del tiempo esta relación se profundiza y consolida de tal manera que cuando le pasa algo al hijo es como si le pasara a ella misma. Hoy también hay muchas mamás que no tienen suficientes motivos para celebrar.
Duele escuchar que hay madres que podrían estar tranquilamente en sus hogares gozando de la presencia de sus hijos y nietos, y se encuentran en un hogar de ancianos, muchas veces solas, abandonadas. Hay casos complejos, qué duda cabe, pero otros también.
En la sociedad de hoy, cuando las relaciones interpersonales se vuelven cada vez más frías, rígidas, formales y calculadoras, me parece muy importante humanizar nuestra vida y vivirla en clave maternal:
- Porque la dulzura de una madre, la caricia y el consuelo, invitan a moderar la violencia verbal y física y a cultivar los afectos y los sentimientos.
- Porque el teclado electrónico y las tecnologías han sustituido la caricia y el beso de la madre.
- Porque las palabras espera, contemplación, paciencia, son cada vez menos presentes en nuestra vida tan "robotizada", fría y calculadora.
Mamás queridas: gracias por darnos tanto. Que Dios las bendiga.
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"Madre e hijo", un bebé real (1)
Julios Garibaldi "Gari" Melchers (1860-1932) pintó a una madre con su hijo en 1906, como parte de las representaciones naturalistas de la vida campesina que realizó cuando estuvo en Países Bajos, más precisamente en Egmond -en la Holanda del Norte rural-, donde llegaría a fundar una colonia de arte con otros artistas estadounidenses.
Lo que llama mucho la atención en la pintura de Melchers (que en inglés se titula "Mother and Child" y es la iamgen que acompaña la presente nota), es el realismo con el que retrata al bebé. Sabemos de sobra que a lo largo de la historia del arte los bebés fueron representados de mil maneras, y no siempre de la forma más correcta.
Obviando las terroríficas representaciones medievales de los recién nacidos, o alguna simpática representación renacentista (u otra más chunga), los artistas a veces no fueron capaces de captar algo tan complejo como es un bebé. Ya no solo por su extraña anatomía (los adultos tenemos menos huesos que los bebés), sino por su todavía más extraña psicología.
Melchers, por el contrario, capta aquí perfectamente a un sonrojado, regordete y verosímil bebé. Y además, con unas pinceladas rápidas y aparentemente descuidadas, como quien no quiere la cosa (eso se ve sobre todo en la manta para envolver al bebé) que le dan mogollón de frescura a la pintura. Melchers supo transmitir eso tan difícil que es retratar a un infante.
Quien tenga un bebé cerca apreciará el realismo de la pose del niño, con esas manos y esa mirada… ¡Es un bebé real! A lo mejor es porque Melchers y su esposa no tuvieron hijos y supo captar lo que no captan los padres, quizás cegados por el amor.
(1) Por Miguel Calvo Santos, 2 de febrero de 2025.














