En rigor, incluida la reforma nacional constituyente de 1994, aprobada por unanimidad, todas las convenciones fueron alcanzadas por las influencias políticas de quienes predominaban en el momento de sus respectivas convocatorias (1853, 1860, 1866, 1898, 1949, 1957 y 1994, la última y más ecuménica). Como dato adicional, cinco de las siete tuvieron lugar en Santa Fe, la última compartida con Paraná y un acto final en el Palacio San José, histórica residencia de Urquiza. Es sano reconocerlo para dejar de lado las verborreas puristas o cerrilmente ideológicas, y asumir con madurez la intervención de intereses sectoriales en tensión, puestos en juego en cada circunstancia. Al cabo, es importante y trascendente tener una Constitución que a todos nos contenga bajo el paraguas de la ley, con los consiguientes derechos y obligaciones de la ciudadanía, legislados en busca de un razonable equilibrio institucional y social.