El cuadro, atesorado por el Museo Histórico Provincial Brig. Gral. Estanislao López, es más importante por su trasfondo que por lo que expresa del personaje retratado. No es fácil imaginar al guerrero detrás de su máscara apacible y hasta apocada. Sin embargo, el ciclo activo de su vida en la primera mitad del siglo XVIII, en el que de manera progresiva fue designado sargento mayor (1718), maestre de campo (1728), teniente de gobernador y justicia mayor de Santa Fe (ciudad y jurisdicción) entre 1733 y 1742, coincide con uno de los períodos más complejos de la existencia de nuestra ciudad a causa de los incontenibles ataques de tribus pertenecientes a la nación guaycurú. Hablo de Francisco Javier de Echagüe y Andía (1683 – 1742), a quien me referiré luego de echar un vistazo al escenario en el que su figura emergió y adquirió entidad histórica.


































