Mientras la noche me besa los párpados y vuelca en mi pecho su oráculo de estrellas, voy clausurando los jardines que quedaron desiertos, cerrando con candado los espacios sin frutos, rezando sobre las tumbas del afecto estéril.
Octubre
Una sensible composición lírica que recorre los ecos de la memoria, el desamor y la reconciliación íntima a través de los aromas y elementos de la naturaleza.

En el esquina de las sombras descansa el reflejo de la luna que acuna su pena árida y plebeya. La nostalgia de tu boca ya no morderá mi corazón ni el vaivén de tu sonrisa me embriagará entre sueños. No saldrá el sol en tu recuerdo…
Más allá del suburbio de la memoria las palabras palidecerán de orfandad hasta naufragar en el torrente espeso de la sangre y jamás volverán a rozar la garganta con tu nombre. El silencio será verde como el trébol y resucitará la paz de los gorriones.
El aroma silvestre de la menta poblará las auras matinales y la lluvia sacudirá de mis ojos la tristeza, y serán bendecidos mis poemas al derramar el caudal de su ternura. Veré el agua amando el polvo de la tierra como mi alma, alguna vez, amó la tuya. El alba resquebraja los rencores.
Entre la gramilla del jardín levita la claridad de la añoranza. La arrogancia del llantén disimula la marca de la ausencia. Mi cuerpo sumergido en el verde espejismo de la hierba se enamora del resabio de la lluvia. La transparencia de las gotas empapa el esplendor del polen y la brisa.
Una hormiga de fuego hostiga la fragilidad de mi mano y despierta la ansiedad escondida en la sangre. Como un insecto, el fervor aguijonea la carne. El origen de la albahaca reza la aurora del deleite y el rastro misterioso del deseo. Una deuda de besos me muerde los labios.
Nunca te vas de mí… Te siento en la ternura del trébol y en la picante frescura de la salvia atravesando mi garganta; en la fantasía de la fruta y en la templanza de la luz sobre las flores silvestres.
Y un día de estos juntaré las miguitas del recuerdo y se las ofrendaré a los pájaros. Y los trinos tendrán mansedumbre de harina y de perdones, humedad de lluvia germinando en el aire, luz madurando el sonido y la semilla…
Y las manos acariciarán los vuelos de la espiga, y los ojos guardarán el misterio de la savia y habrá simpleza de trigo en la memoria y tibieza de sol en la garganta.














