Hay quienes dicen que las cosas no son como son, sino más bien como pueden pensarse. Dicho en otras palabras, que las interpretaciones se anteponen a los hechos e incluso los moldea a su imagen. Sin duda, es un punto de vista que exaspera a los racionalistas, quienes necesitan que el mundo ofrezca algunas garantías en cuanto a la objetividad de los hechos. A propósito, existe un célebre intercambio entre dos personajes ilustres, Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein. En un espacio académico el primero se propuso instaurar al menos un hecho incuestionable, a saber, que no había un rinoceronte en aquella habitación. Desde un punto de vista fáctico, efectivamente dicho mamífero estaba ausente en su materialidad corpórea. Sin embargo, en tanto símbolo, estaba allí presente como una referencia en el discurso. Otros pensadores agregan que, cuando se intenta separar al hombre de los animales, un rasgo diferencial es la capacidad de hablar de lo que no existe, por ejemplo, unicornios o dragones.
































