Suele destacarse, como un rasgo diferencial de la especie humana, la disposición a investigar y comprender los misterios del mundo y el universo. La ciencia moderna en su historización, que no es lo mismo que la historia en tanto es un relato idealizado, se jacta de desplazar a Dios del lugar de las explicaciones causales. Si además sumamos el desarrollo de la técnica, entonces la curiosidad se libera de sus límites y se ejercita, para mal o para bien, hasta sus últimas consecuencias. Desde por qué cae una manzana, hasta la fisión del átomo y la aceleración de partículas en el Gran Colisionador de Hadrones. Dicho de otra manera, como especie nos llevamos mal con los enigmas y en ocasiones, en el mismo afán por comprender, nos precipitamos al momento de las conclusiones, dando por saldado el asunto por el cual estamos concernidos.




































