De tanto en tanto, cuando algo llega a interpelarnos lo suficiente, cada uno reflexiona sobre los hechos que acontecen en lo cotidiano. Hay pensadores obsesivos que confían en el saber y su capacidad para explicar cada fenómeno, aunque el pensamiento siempre vuelve tropezar con un nuevo límite cognoscitivo. En esta perspectiva existe la creencia de que todo fue puesto en el mundo para ser comprendido, si acaso el interés de investigar prevalece. Así, llegamos a saber que la planta de aloe vera crece en diferentes latitudes para aliviar las quemaduras que el sol produce en la piel de los incautos. La idea de propósito aquí es patente, en detrimento del azar. Si se dice que la naturaleza es sabia, es porque le suponemos un saber encriptado en su propia lengua, listo para ser descifrado si acaso se posee la clave de encriptación original.


































