Javier Milei emparentó a su programa de gobierno con la consigna histórica del General José de San Martín: “Seamos libres, que lo demás no importa nada”.
Milei volvió a escena y emparentó la gesta de San Martín con su plan de gobierno
Después de nueve días sin actividades públicas, el Presidente encabezó en Retiro el homenaje por el aniversario de la muerte del Libertador y utilizó su discurso para enlazar la gesta sanmartiniana con los ejes de su gobierno. La aparición abre una semana que terminará el viernes con una visita a Santa Fe.

El Presidente encabezó este lunes el acto conmemorativo por el 176° aniversario del paso a la inmortalidad del Libertador en la Plaza San Martín, en el barrio porteño de Retiro, después de permanecer desde su regreso de Colombia sin actividades oficiales públicas y con una agenda concentrada en reuniones privadas en la Quinta de Olivos.
Milei no participaba de una actividad pública desde el 7 de agosto, cuando asistió en Colombia a la asunción presidencial de Abelardo de la Espriella. Desde su regreso había concentrado sus movimientos en Olivos, con audiencias privadas y actividad en redes sociales.

Atento a ello, el Gobierno decidió intensificar la agenda presidencial. Este martes volverá a reunirse la mesa política oficialista, mientras Milei tiene previsto participar el jueves de la conferencia “Argentina: Perspectivas Económicas y Políticas”. El viernes viajará a Santa Fe para participar de la ceremonia por el aniversario de la Bolsa de Comercio de Rosario.
En el acto de este lunes dejó planteada la línea que, probablemente, atraviese los próximos discursos. “Argentina todavía no es el país más libre del mundo, pero sí puede serlo”, sostuvo.
San Martín bajo el ideario libertario
El centro conceptual del discurso fue la libertad. Milei recuperó la frase sanmartiniana “Seamos libres, que lo demás no importa nada” para construir un puente entre la independencia del siglo XIX y el programa que impulsa desde la Casa Rosada.
Según su interpretación, la Argentina fue perdiendo paulatinamente aquello que había conquistado. “Fuimos perdiendo nuestra libertad para comerciar. Fuimos perdiendo nuestra libertad para emprender. Fuimos perdiendo nuestra libertad para soñar con un futuro mejor”, enumeró.
La causa, para el Presidente, estuvo en el crecimiento estatal. “Estas libertades fueron perdidas en nombre de ampliar un Estado gigante”, afirmó.

Desde allí llevó el homenaje de lleno hacia las discusiones contemporáneas. “Es más fácil fijar un precio que dejarlo libre. Es más fácil cerrar el comercio que abrirlo. Es más fácil poner regulaciones que desarmarlas”, sostuvo, y advirtió que “la libertad no es el punto de reposo de los gobiernos” sino una condición que, a su entender, debe defenderse permanentemente frente a “la tendencia natural de todo poder a expandirse”.
La referencia histórica también le sirvió para insistir sobre uno de los argumentos políticos habituales del oficialismo. “Los enemigos de la libertad existen y no descansan”, dijo Milei, antes de vincular poder, privilegios y recursos económicos con quienes buscan limitarla.
Fuerzas Armadas, fronteras y alianzas
Otro tramo significativo estuvo dedicado a la defensa nacional. Milei sostuvo que durante demasiado tiempo “el instrumento militar de nuestro país” fue “demonizado y desfinanciado” y reivindicó la necesidad de contar con Fuerzas Armadas “equipadas y bien formadas”.
La definición apareció acompañada por un señalamiento sobre el escenario internacional. Para el Presidente, la Argentina está frente a “un mundo cada vez más complejo e incierto”, donde las potencias recurren a herramientas cada vez más sofisticadas para defender sus intereses.
“Tenemos el desafío de retomar la protección de nuestras fronteras, de elegir bien nuestras alianzas geopolíticas, de luchar contra todas las formas de terrorismo y de pararnos siempre del lado de la democracia”, sostuvo.

La frase tuvo un peso particular por la política exterior que Milei viene construyendo desde el inicio de su administración, con un alineamiento explícito con Estados Unidos e Israel y una definición recurrente de las relaciones internacionales en términos políticos e ideológicos. Para el mandatario, también eso forma parte de “defender nuestra libertad”.
Economía y batalla cultural
La segunda dimensión del planteo fue doméstica. Milei vinculó la supervivencia de un sistema político libre con la capacidad de generar prosperidad y defendió, otra vez, el rumbo económico de su administración.
“La libertad requiere de un pueblo próspero y pujante”, dijo. Y añadió que “si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor”.
Desde esa premisa planteó que la misión del Gobierno pasa por ofrecer “la estabilidad y el crecimiento necesario” para que las familias puedan planificar sus vidas.

Pero sumó inmediatamente el componente de la batalla cultural, sobre la que dijo "habrá que darla una y otra vez para explicar cómo esta prosperidad está basada y depende de los valores que nos hicieron grandes”.
Fue allí donde endureció nuevamente el discurso. Acusó a sus adversarios ideológicos de pretender instalar que “el robo está justificado si es por un supuesto bien superior”, ya sea “la necesidad económica del pobre o la necesidad fiscal del Estado”.
Seguridad y “el ladrón como tirano”
La seguridad también tuvo espacio propio. Milei sostuvo que “un pueblo libre” necesita fuerzas capacitadas y equipadas para proteger a los ciudadanos y trazó una analogía entre delincuencia y opresión. “El ladrón es también un tirano del prójimo”, afirmó, y agregó que defender la libertad supone “oponerse con toda la fuerza pública a los criminales”.

En ese punto enumeró las cuatro palabras con las que buscó condensar la agenda oficial: “libertad, crecimiento, orden y prosperidad”. “La gesta sanmartiniana es una fuente permanente de inspiración para todo mi gobierno”, expresó, y presentó como misión de su administración “ir más allá de lo que todos creían posible y revivir la llama de la libertad de nuestra nación”.
Después volvió sobre el pasado que suele utilizar como contrapunto político y cerró con la fórmula que acompaña cada uno de sus actos: “Que viva el General San Martín, que viva la Argentina, que las fuerzas del cielo nos acompañen y viva la libertad, carajo”.










