A través de un video difundido este viernes por redes sociales, el gobierno nacional buscó plantear el debate sobre una palabra que en Argentina genera discusiones permanentes: planes sociales.
La ministra Pettovello publicó un video defendiendo el reordenamiento de los programas. Negó que haya más beneficiarios y recortes en los programas, a la vez que puso a la Asignación Universal por Hijo como caso testigo de la administración libertaria.

A través de un video difundido este viernes por redes sociales, el gobierno nacional buscó plantear el debate sobre una palabra que en Argentina genera discusiones permanentes: planes sociales.
De frente a la cámara, en formato didáctico y con tono de gestión, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, plantea cuáles son los alcances del sistema de asistencia estatal. Diferencia un programa de una prestación de la seguridad social. Niega que haya aumentado la cantidad de beneficiarios en la gestión de Javier Milei. Y tomó como ejemplo la AUH.
En esa línea, sostiene que los planes sociales son una etiqueta “coloquial” que mezcla conceptos distintos. “Te quiero explicar con datos y con claridad. Primero, una precisión importante. Técnicamente, los planes sociales no existen”, plantea la Ministra. A continuación, diferenció entre programas sociales y prestaciones de la seguridad social.
En su planteo, AUH, jubilaciones y pensiones quedan del lado de los “derechos establecidos por ley”: “Se otorgan a quienes cumplen los requisitos. No dependen de cupos, no dependen de intermediarios, no son discrecionales. Eso no es un plan, es seguridad social”, sostiene. Del otro lado, los programas sociales: “son herramientas de política pública focalizada. Tienen objetivos concretos, reglas de acceso, condicionalidades y evaluación de resultados. Si no funcionan, se modifican o se cierran”.
Al dividir la gestión de su cartera entre prestaciones de seguridad social y programas sociales, Pettovello plantea que mientras en el primer grupo no hay “intermediarios”, ni “cupos”, ni “discrecionalidad”, en el segundo existeb reglas, seguimiento y evaluación. Y remarca que, en el balance general, el gobierno no redujo su ayuda, sino que la ordenó.
Como punto de partida, detalló que el gobierno encontró 125 programas sociales distintos bajo la órbita del ministerio. "Muchos superpuestos, muchos duplicados, muchos sin evaluación, muchos con intermediación en la asignación de recursos”. Plantea que la "fragmentación" funcionaba como sinónimo de "opacidad", y desde ahí presenta la decisión de gestión: “Unificamos los programas en 49 con reglas claras y trazabilidad. Priorizamos la transferencia directa a las personas”.
En esa línea, llega al eje central, remarcar que no se achicó ni expandió la asistencia gubernamental: “Redujimos estructuras, no personas asistidas; eliminamos superposiciones, no derechos; y terminamos con la intermediación. Reemplazamos discrecionalidad por criterios objetivos", sostuvo Pettovello. Y remarcó: "Eso no es ajuste, es eficiencia".
Posteriormente, da paso a la lectura política del mensaje: orden para atender la pobreza. “Los datos son claros: no aumentó la cantidad de programas sociales. No aumentó la cantidad de personas asistidas. Sí ordenamos, sí transparentamos, sí fortalecimos la protección frente a la pobreza extrema”, afirma Pettovello en el mensaje.
En el medio, introduce las “condicionalidades” que la cartera viene impulsando para que la política social tenga contraprestaciones: “Incorporamos condicionalidades vinculadas a educación, salud y formación laboral. Establecimos seguimiento y consecuencias ante el incumplimiento. La política social no puede ser opaca, tiene que ser medible y transparente”.
Para sostener su tesis, Pettovello toma un caso testigo: la Asignación Universal por Hijo. Y lanzó un dato directo: “En diciembre de 2023, la AUH con su complemento alimentario cubría apenas el 54% de la canasta básica alimentaria. Hoy cubre cerca del 100%”. Y ratifica: “Eso no es expandir asistencia, es recomponer el poder adquisitivo para combatir la indigencia y la pobreza extrema. Corregimos una inconsistencia del sistema”.
En una lectura más amplia, un informe reciente del IERAL —analizado previamente en este sitio— también había marcado una recomposición real del monto de la AUH, con números que muestran el salto: a valores constantes de diciembre de 2025, la asignación alcanzaba $61.000 en el último mes de 2023; llegó a $118.000 en junio de 2024 y cerró 2025 en torno a $122.000.
Sin embargo, advierte tensiones persistentes en incentivos y costos reales de crianza y educación. La economista Laura Caullo, autora del análisis, subrayó otra arista que el video de la ministra no aborda: los incentivos del sistema. En su lectura, persiste “un problema estructural” que desalienta la formalización laboral en los segmentos de menor calificación, por la brecha entre AUH con complementos y asignaciones contributivas.
El ejemplo que utiliza es concreto: “Una familia con dos hijos que cobra AUH + Alimentar recibe $326.920 por mes (a valores de diciembre ‘25). Si uno de los adultos consigue un empleo formal, pasa a cobrar $122.504 en asignaciones familiares. La diferencia es de $204.416, más de una Canasta Básica Alimentaria completa”.
El informe también ponía el foco en la dimensión escolar: aun cuando la AUH tiene condicionalidades vinculadas a salud y asistencia educativa, el poder de compra de la asignación “en términos de servicios educativos” habría caído más de veinte puntos en un año, por gastos asociados a la escolaridad (materiales, transporte, actividades, apoyo, entre otros).




