Con la llegada de la primavera, los días comienzan a alargarse, suben progresivamente las temperaturas y muchas rutinas cambian casi sin que nos demos cuenta. Hay quienes aprovechan para pasar más tiempo al aire libre, caminar más o modificar sus horarios.
¿Por qué llega la primavera y te sentís más cansado? Qué pasa en el cuerpo y cuándo consultar
Más horas de luz, cambios en el sueño, aumento de la temperatura y modificaciones en los hábitos pueden hacer que algunas personas perciban menos energía durante las primeras semanas de la primavera.

Pero también hay personas que, durante las primeras semanas de la nueva estación, sienten algo inesperado: más sueño, cansancio, dificultad para concentrarse o una sensación de menor energía.
¿Es realmente la llamada "fatiga primaveral"? La respuesta requiere algunos matices. Según explicó Carolina Rodríguez, endocrinóloga, a Viví Mejor, algunas personas pueden experimentar esos síntomas durante el cambio de estación, pero eso no significa necesariamente que exista una enfermedad.
El organismo atraviesa un proceso de adaptación frente a modificaciones ambientales que incluyen, principalmente, la cantidad de horas de luz, la temperatura, los horarios de sueño y el nivel de actividad.

Además, un estudio publicado en 2026 encontró que muchas personas perciben este cansancio, aunque no pudo demostrar la existencia de un síndrome universal de fatiga primaveral.
Lo que sí está documentado son los cambios estacionales que pueden producirse en el reloj circadiano y en distintas señales hormonales.
Más horas de luz: cómo cambia el reloj biológico
El cambio más importante entre el invierno y la primavera es el aumento progresivo de las horas de luz.
Para el organismo, la luz no es solamente una cuestión ambiental: funciona como una de las principales señales que permiten al cerebro saber qué momento del día es y en qué estación del año se encuentra.
Rodríguez explicó que la luz que ingresa a través de los ojos envía información a una zona del cerebro que funciona como el reloj biológico central. Ese sistema participa en la regulación del ciclo de sueño y vigilia, pero también interviene en procesos como la temperatura corporal, el apetito, el estado de alerta y la secreción de distintas hormonas.

Cuando los días tienen más horas de luz, especialmente durante la mañana, el organismo recibe una señal más marcada de que debe permanecer despierto y activo.
Durante la noche ocurre el proceso contrario: la oscuridad favorece la producción de melatonina, una hormona que participa en la preparación del organismo para dormir.
Por eso, la transición entre estaciones puede sentirse de manera diferente según cada persona.
Algunas prácticamente no perciben el cambio, mientras que otras pueden experimentar durante un período cierta alteración del sueño, cansancio, somnolencia o menor capacidad de concentración.
No se trata, aclaró la especialista, de una única "hormona de la primavera". La adaptación es el resultado de la interacción de diferentes sistemas del organismo.
Entre las hormonas relacionadas con los ritmos diarios se encuentran la melatonina y el cortisol.

La primera aumenta durante la noche y facilita el inicio del sueño. El cortisol, en cambio, presenta naturalmente mayores niveles durante las primeras horas de la mañana y contribuye a preparar al cuerpo para la actividad del día.
También intervienen hormonas vinculadas con el metabolismo, como las hormonas tiroideas y la insulina, además de otras señales relacionadas con el hambre, la saciedad y el gasto energético.
La clave está en entender que estas hormonas no funcionan de manera independiente. El organismo responde como una red coordinada a estímulos como la luz, el descanso, la alimentación, la actividad física y el estrés.

Cansancio en primavera
Sentirse algo más cansado durante las primeras semanas de la primavera no significa, por sí solo, que exista un problema de salud. Puede formar parte del período de adaptación a los cambios en la luz, la temperatura y los hábitos cotidianos.
Sin embargo, no todo cansancio debería atribuirse al cambio de estación.
Rodríguez señaló especialmente el caso de las personas con hipotiroidismo. No existe una relación directa que permita afirmar que la primavera empeora esta enfermedad. Una persona cuyo hipotiroidismo está correctamente tratado debería atravesar el cambio de estación de manera similar al resto de la población.

El escenario es diferente cuando la función tiroidea no está adecuadamente compensada. En esos casos pueden aparecer síntomas como cansancio, somnolencia, sensación de frío, dificultad para concentrarse, piel seca, estreñimiento o aumento de peso.
El cambio de estación puede hacer que una persona preste mayor atención a molestias que ya estaban presentes. Por eso, si el cansancio es intenso, persistente o diferente de lo habitual, la recomendación es no asumir que se debe simplemente a la primavera.
La especialista planteó que, ante esos casos, es necesario revisar el funcionamiento de la tiroides y considerar también otras posibles causas. Entre ellas menciona la anemia, las alteraciones del sueño y los déficits nutricionales, además de otras condiciones que pueden provocar cansancio.
También es importante observar qué está ocurriendo con los hábitos cotidianos. Durante la primavera pueden modificarse los horarios, aumentar la actividad física, cambiar la alimentación y pasar más tiempo al aire libre. Todos esos factores pueden influir sobre el sueño, el sistema nervioso, las hormonas y el metabolismo.

Qué se puede hacer para acompañar la adaptación
Una de las herramientas más simples que destacó Rodríguez es exponerse a la luz natural durante la mañana. La razón es que la luz matutina aporta una señal importante para mantener sincronizado el reloj biológico.
También resulta útil prestar atención a los cambios de rutina que acompañan la llegada de la primavera.
Mantener horarios de sueño ordenados, observar cómo responden el cuerpo y la energía a las modificaciones de actividad y alimentación y aprovechar la mayor cantidad de horas de luz forman parte de esa adaptación.

La temperatura también tiene un papel. Durante el invierno, el organismo necesita utilizar energía para mantener estable la temperatura corporal, especialmente cuando existe exposición al frío. Cuando las temperaturas son más cálidas, esa demanda disminuye.
De todos modos, la especialista aclaró que estos cambios metabólicos son sutiles en los seres humanos y que los hábitos cotidianos tienen un impacto mucho mayor sobre el metabolismo que la estación del año por sí sola.
La primavera también suele llevar a muchas personas a moverse más: caminar, realizar actividades al aire libre o aumentar espontáneamente su nivel de actividad física. Esa modificación puede influir sobre el gasto energético y sobre cómo se siente el cuerpo durante el proceso de adaptación.
La estación puede cambiar, pero escuchar al cuerpo sigue siendo una de las mejores formas de detectar cuándo una molestia pasajera deja de serlo y merece una evaluación médica.









