Las quemaduras pueden ocurrir en segundos y dejar consecuencias que van mucho más allá del dolor inicial. Una olla con agua hirviendo, una taza de café al alcance de un chico, una plancha caliente o el contacto con una estufa son algunos de los riesgos presentes en la vida cotidiana. Aunque el hogar suele asociarse con un espacio seguro, también concentra gran parte de los accidentes que afectan a los niños.
Quemaduras en niños: la mitad de las víctimas son menores y el 90% de los casos ocurre en el hogar
Las quemaduras representan un riesgo importante durante la infancia y muchas se producen en situaciones cotidianas, como cocinar, tomar mate o preparar el baño. La Fundación Benaim estima que, de las 200.000 personas que sufren quemaduras por año en el país, unas 100.000 son niños.

Según la Fundación del Quemado Fortunato Benaim, en Argentina se estima que alrededor de 200.000 personas sufren quemaduras cada año y que la mitad de las víctimas son niños. La institución aclara que no existen estadísticas oficiales completas para establecer esa cifra, por lo que se trata de una estimación de especialistas.
Por su parte, la Unidad de Quemados del Hospital de Pediatría Prof. Dr. Juan P. Garrahan señala que todos los días un niño sufre quemaduras en el país y que nueve de cada diez de esos casos ocurren dentro del hogar.
Las cifras ponen el foco en la prevención y en la importancia de reconocer los riesgos antes de que se produzca una lesión. No alcanza con advertirles a los chicos que no toquen determinados objetos: también es necesario adaptar los ambientes, mantener los elementos peligrosos fuera de su alcance y revisar hábitos que pueden parecer inofensivos.

Cuáles son las causas más frecuentes de quemaduras en los niños
La Fundación Benaim identifica entre las causas más comunes las superficies y los líquidos calientes. En ese grupo se encuentran las planchas, las tapas de los hornos, las asaderas recién utilizadas, las pavas y las ollas con líquidos hirviendo. También pueden provocar lesiones las infusiones calientes, como el té, el café y el mate.
Estos accidentes pueden producirse durante actividades habituales. Un niño pequeño puede tirar del mantel de una mesa y volcar una taza, alcanzar el mango de una olla o tocar una superficie que conserva el calor después de cocinar. Por eso, la prevención no depende únicamente de explicar el peligro, sino también de organizar el entorno para reducir las posibilidades de contacto.
El Hospital Garrahan recomienda mantener a los chicos alejados de fuentes de calor, como hornos, planchas y estufas, además de encendedores y líquidos inflamables. También aconseja no servirles alimentos ni bebidas demasiado calientes, cocinar en las hornallas traseras y evitar secar ropa sobre las estufas.
A medida que se acercan los meses de calor, la Fundación Benaim agrega otro factor de riesgo: la exposición al sol sin protección. Hacia fin de año también pueden aumentar las lesiones relacionadas con el uso inadecuado de pirotecnia. Son situaciones diferentes, pero comparten un punto central: muchas quemaduras pueden prevenirse mediante conductas de cuidado y medidas concretas de seguridad.
La electricidad constituye otro riesgo que requiere atención. La Fundación incluye las lesiones eléctricas entre las causas de quemaduras infantiles y recomienda cubrir los tomacorrientes y mantener los cables fuera del alcance de los chicos. La supervisión adulta es importante, pero debe acompañarse de medidas que impidan el acceso a elementos peligrosos.

Cómo reconocer la gravedad y cuándo buscar atención médica
No todas las quemaduras afectan la piel de la misma manera. La Fundación Benaim explica que su gravedad depende de la extensión de la lesión y de la profundidad del daño. Las superficiales comprometen las capas más externas de la piel, mientras que las profundas pueden destruir los tejidos y dificultar la recuperación espontánea.
La diferencia es importante porque una lesión que parece pequeña no siempre permite determinar por sí sola el alcance del daño. Frente a una quemadura, la recomendación es consultar a un profesional de la salud y no recurrir a remedios caseros.
La Unidad de Quemados del Garrahan indica que se debe concurrir de inmediato a un centro de salud cuando la lesión tiene un tamaño igual o superior al de la palma de la mano. Mientras se busca atención, aconseja colocar gasas embebidas en agua fría sobre la zona afectada, de manera intermitente y desplazándolas por toda la superficie de la herida.
El hospital aclara que no se debe colocar hielo ni sumergir todo el cuerpo en una ducha de agua fría.
La Fundación Benaim, por su parte, recomienda proteger la zona con una gasa para reducir el riesgo de infección, no reventar las ampollas que puedan formarse y consultar de inmediato a un médico especializado en quemaduras. También advierte que no deben aplicarse productos como manteca, aceite, margarina, tomate, manzana, ungüentos o pasta dental sobre la lesión.
Estas indicaciones son especialmente relevantes cuando la persona afectada es un niño. Ante una quemadura, es importante evitar las soluciones improvisadas y priorizar la evaluación médica.

Qué medidas ayudan a prevenir las quemaduras en casa
Las recomendaciones de la Fundación Benaim y del Hospital Garrahan apuntan a incorporar medidas de seguridad en las actividades cotidianas. No se trata solamente de vigilar a los niños, sino de disminuir las oportunidades de que entren en contacto con fuentes de calor o sustancias peligrosas.
Entre las principales medidas de prevención se encuentran:
- En la cocina: utilizar las hornallas traseras y mantener ollas, pavas y recipientes con líquidos calientes lejos de los bordes de las mesas y mesadas.
- Al preparar bebidas o comidas: no cocinar, beber ni trasladar alimentos calientes mientras se sostiene a un niño en brazos. Comprobar la temperatura antes de servirle la comida.
- En el baño: controlar la temperatura del agua antes de colocar al chico en la bañera.
- Con los aparatos de calor: mantener planchas, estufas y hornos fuera del alcance infantil. No secar ropa sobre las estufas ni permitir que los chicos se acerquen mientras están en uso.
- Con la electricidad: cubrir los tomacorrientes y mantener los cables fuera del alcance de los niños.
- Con encendedores y combustibles: guardarlos en lugares seguros y evitar manipular líquidos inflamables cerca del fuego.
- Al aire libre: proteger la piel de la exposición solar y evitar los horarios de mayor intensidad de los rayos solares.
- Con la pirotecnia: seguir las recomendaciones de seguridad y mantener siempre a los niños acompañados por adultos.
La Fundación Benaim también advierte sobre la importancia de revisar los hábitos de autocuidado. Conocer un peligro no siempre alcanza para evitarlo: es necesario convertir esa información en acciones concretas que se mantengan en el tiempo. En la infancia, esto implica que los adultos sean responsables de crear ambientes más seguros y de enseñar progresivamente a reconocer las situaciones de riesgo.

La recuperación también requiere acompañamiento
Las quemaduras graves pueden necesitar tratamientos prolongados. Según el Garrahan, los niños internados permanecen en el hospital durante períodos que dependen de la gravedad de la lesión y pueden requerir varias cirugías. El tratamiento incluye un abordaje interdisciplinario, con participación de profesionales de distintas especialidades, y contempla la recuperación funcional y la prevención de secuelas.
El hospital también destaca el papel de la familia después del alta. La recuperación no termina cuando el paciente deja la internación: el acompañamiento familiar es importante para ayudar a los chicos a adaptarse a los cambios y afrontar las posibles consecuencias físicas y emocionales.
La prevención sigue siendo la herramienta principal para reducir estos accidentes. Con medidas sencillas —como alejar los líquidos calientes, controlar la temperatura del agua y bloquear el acceso a estufas y cocinas— es posible disminuir los riesgos en uno de los lugares donde más ocurren las quemaduras infantiles: el hogar.









