Eran tiempos de pandemia. La gente vivía en soledad, la civilización asistía a una cuarentena para la que nadie estaba preparado. Angustias y trastornos de todo tipo modificaban los ánimos de todos. En medio de eso, hubo un equipo que se preparó para lo que muy pocos pensaban que podía ocurrir. Eduardo Domínguez se instaló en el predio sabalero que hoy lleva con orgullo el nombre de "4 de junio". Y desde allí empezó a armar una estructura de equipo sólida, con muchos jugadores a los que le sacó todo el jugo, los mejoró y otros que se fueron sumando en la misma sintonía de excelsa armonía. El torneo corto lo favoreció. Fue primero de principio a fin, apareció en cuartos de final la gran figura de Burián en ese complicadísimo choque ante Talleres de Córdoba (su primer tiempo, el de Burián, fue excepcional y luego rubricó una actuación de 10 puntos en los penales). Y después, San Juan fue el lugar de la gloria con dos victorias inobjetables ante Independiente, en semifinales y Racing, en la final, que no dejaron lugar a ninguna duda.



































