El siglo XXI muestra una reconfiguración de las relaciones amorosas -incluso sexoafectivas- y familiares, en función de las distintas tipologías en que éstas pueden encuadrarse. Hace 50 años, o quizás menos, el mandato social era eminentemente “nupcial”: las parejas heterosexuales “debían” casarse ante un Juez y, por supuesto, ante Dios.
¿Fin del mandato nupcial? Qué pasa en Santa Fe con los matrimonios, uniones convivenciales y divorcios
Los vínculos afectivos se transforman a la par de los cambios de época. Cómo han sido las dinámicas maritales, las rupturas jurídicas y las uniones convivenciales de acuerdo a estadísticas de las series históricas.

La Ley de Matrimonio Igualitario, en 2010, fue uno de los mojones que mostró esa transformación: se ampliaron los derechos nupciales para personas del mismo sexo. Sin embargo, la cuestión de las relaciones sentimentales va más allá de las identidades sexuales. Aparecen además del casamiento otros tipos vinculares.
Debe mencionarse aquí la unión convivencial: en Argentina está regulada por el Código Civil y Comercial, y es la unión basada en relaciones afectivas entre dos personas que comparten un proyecto de vida, pero sin casarse. Los requerimientos son la convivencia pública, estable, notoria y con una duración mínima de dos años.

Este tipo de unión se puede inscribir en el Registro Civil, pero no es obligatorio. Se establecen derechos y deberes, tales como asistirse durante la convivencia, colaborar con los gastos de la casa, y cooperar con la crianza y educación del hijo/s de la pareja, etcétera.
También aparece, dentro de las figuras jurídicas, el “final” del matrimonio, el divorcio, establecido por la Ley 23.515 (1987), la cual habilita a disolver legalmente el vínculo y volver a casarse. Con la reforma del Código Civil y Comercial de 2015, se simplificó el proceso para divorciarse.
¿Hasta que la muerte nos separe?
El último informe preliminar Santa Fe Cómo Vamos (SFCV) 2025, elaborado por la Municipalidad de la ciudad y la Bolsa de Comercio local, echa luz desde los datos estadísticos sobre las formas vinculares que más se están imponiendo en esta capital.

Así, en 2025 se celebraron 1.133 matrimonios, lo que dio lugar a una tasa de nupcialidad de 2,6 de matrimonios registrados ese año (por cada 1.000 habitantes). Este valor fue 0,2 puntos inferior que en 2024, donde la tasa de nupcialidad fue de 2,8.
“La diferencia se corresponde con el menor valor de la serie histórica registrada”, advierte el estudio. En limpio: en dos años, cayeron los matrimonios registrados en la ciudad capital.

A su vez, los divorcios celebrados en 2025 fueron 663, y los reportados en 2024 fueron 998. Con todo, hubo una reducción del 30,1% de las rupturas matrimoniales en ese período interanual.
Pero así como cayeron los matrimonios (siguiendo la tasa de nupcialidad) y a la par los divorcios, también hubo una reducción de las uniones convivenciales en el mismo período interanual. La cantidad de uniones de este tipo registradas fueron 1.001 en 2025, un 21,37% menos que en 2024. Sin embargo, es clave analizar las series históricas.
Series históricas
Quizás el elemento más interesante que muestra cómo se van reconfigurando las relaciones (con matrimonio y sus correspondientes derechos y obligaciones civiles, o sin matrimonio, sólo convivencia afectiva) son las series históricas de 10 y 15 años hacia atrás de 2025, siempre dentro de la ciudad de Santa Fe.
Primero, los matrimonios: en 2010, hubo 1.402 nupcias formalmente realizadas y registradas en esta capital. Y en 2025 ese número descendió a 1.133: con lo cual, la caída porcentual de los matrimonios en 15 años fue de casi un 20%. La tasa de nupcialidad se derrumbó de 4,1 en aquel año a 2,6 en 2025: 2 puntos porcentuales menos.

Segundo, los divorcios, cuyos datos se computan desde 2015 a 2025 (diez años de serie histórica). Aquel año se registró un “aluvión” de divorcios en la ciudad, con 3.719 rupturas jurídicas registradas. En 2016 se contabilizó el mayor número de divorcios dentro de la serie histórica, con 4.181.
Y en los siguientes períodos, hubo fluctuaciones hacia arriba y hacia abajo, y luego una “meseta” de unos 730 divorcios por año, en promedio. Ahora bien: la reducción porcentual en 10 años de las rupturas matrimoniales ha sido del 82%.
Tercero, las uniones convivenciales, también con diez años de series históricas: aquel año, se reportaron 691 vínculos afectivos de este tipo, que se formalizaron en el Registro Civil local. En los años siguientes hubo una “explosión” de uniones: 2.244 en 2016, 2.280 en 2017, y 2.017 durante 2018.
Luego aparecen “subibajas” en las cantidades anuales de esta tipología de vínculos afectivos. Más allá de esto, si se toma el aumento porcentual de las uniones convivenciales en esta capital, esa suba fue del 45% en diez años.

En limpio: entre los últimos 10 y 15 años, la gente se casó en menor cantidad, y a la par se divorció muchísimo menos (85% de reducción porcentual). Sí se apostó más a las uniones convivenciales dentro de este lapso histórico. ¿Por qué? Bueno, si hay menos matrimonios, hay lógicamente menos divorcios.
Sin embargo, podrían inferirse como posibles causales que casarse demanda dinero; y divorciarse, además del gasto económico por trámites jurídicos, el proceso puede volverse traumático, si hay hijos de por medio. Una unión convivencial no demanda casi nada de eso: sólo la voluntad genuina de, justamente, proyectar una vida en pareja.

Un dato añadido, que merece párrafo aparte: las adopciones celebradas en 2025 fueron 111, y mostraron un incremento del 18,1% con respecto al 2024 (94), “representando el valor más alto desde 2019”, enfatiza el informe.
Datos nacionales
Según informes recientes de registros civiles provinciales y reportes de la UCA (Universidad Católica Argentina), la tasa de nupcialidad ha caído de forma significativa, pasando de 7,3 matrimonios por cada 1.000 personas en el año 1980 a sólo 2,9 en la actualidad, en todo el país.
Un último indicador: la Argentina se encuentra entre los 5 países donde la gente se casa más tarde: el promedio de edad para contraer matrimonio en la actualidad es entre 30 y 36 años. Antes, los casamientos se daban a muy temprana edad.













