"Actualmente, la ciudad se encuentra protegida de las inundaciones fluviales por terraplenes que conforman el anillo de defensa, y hacia su interior, por reservorios que acumulan el agua proveniente de precipitaciones y que son regulados por estaciones de bombeo que descargan hacia el río Salado. Dos de estos reservorios conforman la Reserva Natural Urbana del Oeste. Las zonas circundantes a estos reservorios se han ido poblando con distintos tipos de construcciones, algunos precarios e improvisados, y otros de mayor desarrollo urbanístico. Pese a su importancia, la cantidad y calidad de agua que ingresa y permanece en estos reservorios, incluyendo la presencia de contaminantes, son aún desconocidas. Esto representa un riesgo tanto para la población que vive sobre las márgenes de esta reserva y utiliza sus recursos, así como para la integridad ecológica de los ríos Salado y Paraná que reciben su aporte", explicó Emiliano López, docente e investigador del Centro de Estudios Hidro-Ambientales (CENEHA) de la FICH, en relación con la problemática que se investiga.