Las cadenas agroindustriales tienen una participación central en el mercado laboral argentino. De acuerdo con el informe Empleo en las Cadenas Agroindustriales, elaborado por la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), durante 2025 generaron 4.332.114 puestos de trabajo, una cifra equivalente al 23% del empleo privado nacional.
Carne vacuna, frutas y soja: las cadenas agroindustriales que más empleo generan
Un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) estimó que las cadenas agroindustriales generaron más de 4,3 millones de puestos de trabajo durante 2025, equivalentes al 23% del empleo privado del país. La carne vacuna lidera el ranking, seguida por frutas, verduras y legumbres y la soja.

El estudio muestra que el aporte del sector excede ampliamente las tareas de producción primaria. La actividad también genera empleo en industrias, comercios, transporte, logística, servicios profesionales y otras actividades vinculadas con la producción y comercialización de bienes agropecuarios.

En términos generales, dos de cada diez puestos de trabajo privados del país están relacionados con estas cadenas, que conectan la producción rural con distintos sectores de la economía urbana.
“Detrás de cada producto del changuito hay productores, agrónomos, contratistas, trabajadores de plantas industriales, transportistas, comerciantes y muchos más”, explicó Fiorella Savarino, economista de FADA, al presentar los resultados del relevamiento.
La carne vacuna lidera la generación de empleo
El informe identifica a las principales cadenas agroindustriales según la cantidad de puestos de trabajo que generan. La carne vacuna ocupa el primer lugar, con aproximadamente 519.000 empleos, seguida por frutas, verduras y legumbres, con 462.000, y la soja, con 446.000.
El ranking continúa con la cadena del trigo, que reúne alrededor de 440.000 puestos, y la del maíz, con unos 258.000. En conjunto, las cinco principales cadenas concentran prácticamente la mitad del empleo agroindustrial del país.
La cadena bovina permite observar la diversidad de actividades que intervienen en un mismo producto: desde la cría y la producción primaria hasta los frigoríficos, el transporte, la comercialización y la venta minorista.

En el caso de las frutas, verduras y legumbres, el empleo también abarca diferentes etapas, como la producción, el acondicionamiento, el procesamiento industrial, la distribución y la comercialización.
La soja, por su parte, genera trabajo tanto en la producción agrícola como en la industria aceitera, la elaboración de subproductos, la logística y las actividades vinculadas con la exportación.
Producción, industria y comercialización: cómo se distribuyen los puestos
La distribución del empleo confirma que las cadenas agroindustriales involucran a una amplia variedad de sectores económicos. Según FADA, el 34% de los puestos corresponde a la producción primaria, mientras que la comercialización concentra el 27% y la industria, el 21%.
El transporte y la logística representan otro 9% del total. El resto corresponde a servicios que permiten el funcionamiento de las cadenas, como la provisión de insumos y maquinaria, los servicios financieros, los seguros y las actividades profesionales.

El informe también destaca la distribución territorial del empleo. Las cadenas agrícolas —entre ellas soja, maíz, trigo y girasol— representan el 32% de los puestos agroindustriales, mientras que las economías regionales aportan el 29%. Las cadenas de carnes y lácteos reúnen, en conjunto, el 23%.
Esta diversidad se refleja en las distintas regiones productivas del país: la actividad ovina en la Patagonia, la vitivinicultura en Cuyo, los cereales en la región pampeana, la caña de azúcar en el noroeste y la yerba mate en el noreste.
Además, entre 2020 y 2025 se generaron 480.000 nuevos puestos de trabajo en las cadenas agroindustriales, según las estimaciones de la entidad, con aportes destacados de la carne vacuna, la soja, el trigo, el girasol y el sector lácteo.
El potencial de creación de empleo sin retenciones
Uno de los apartados del informe analiza un escenario hipotético en el que se eliminaran los derechos de exportación para las cadenas de granos y carnes. Según las proyecciones de FADA, esa modificación podría impulsar la creación de más de 850.000 empleos adicionales en un plazo de diez años.

La estimación contempla el efecto de una mayor producción agrícola y su impacto en las etapas posteriores de las cadenas. El cálculo prevé un incremento de aproximadamente 70 millones de toneladas de granos, destinadas tanto al mercado interno como a la exportación.
En ese escenario, la mayor producción de cereales y oleaginosas permitiría generar alrededor de 430.000 puestos de trabajo adicionales. A ellos se sumarían otros 425.000 empleos en las cadenas de carnes y biocombustibles, a partir de una mayor disponibilidad de materias primas para la alimentación animal y la elaboración de productos derivados.
Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA, explicó que el efecto alcanzaría a distintas etapas productivas, desde el campo hasta la industrialización, el transporte y la comercialización.
La entidad compara esa proyección con un universo estimado de 1,6 millones de personas desocupadas. Bajo esos parámetros, la cantidad de empleos potenciales equivaldría aproximadamente a la mitad de esa cifra.
Se trata de una proyección condicionada a un escenario de eliminación de retenciones y expansión productiva, no de empleos ya creados ni de un resultado garantizado. Su concreción dependería de factores como la respuesta de la producción, las inversiones, la demanda, los precios y la evolución general de la economía.

El estudio de FADA se elaboró a partir del análisis de 20 cadenas agroindustriales y 252 actividades económicas relacionadas con el sector, utilizando información de organismos oficiales, entre ellos el INDEC, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).
De esta manera, el relevamiento busca dimensionar el aporte de la agroindustria al empleo nacional y mostrar cómo la actividad genera trabajo a lo largo de toda la cadena de valor, desde la producción de materias primas hasta los productos que llegan a los consumidores.








