El rendimiento del maíz no depende de una única decisión. La elección del híbrido, la fecha y densidad de siembra, la caracterización del ambiente y el seguimiento del cultivo forman parte de un conjunto de variables que determinan cuánto del potencial genético finalmente se transforma en kilos por hectárea.
Maíz: genética, manejo y datos, las claves para reducir la brecha de rendimiento
La diferencia entre el rendimiento promedio de los lotes y el potencial alcanzable llega al 19%. Un análisis presentado en el Congreso Internacional de Maíz destacó el aporte de la genética, la elección de la fecha y densidad de siembra y el uso de herramientas digitales para mejorar el resultado económico.

En ese contexto, uno de los principales desafíos para la agricultura argentina pasa por reducir la brecha entre el rendimiento promedio de los lotes y el máximo alcanzable, una diferencia que actualmente puede llegar al 19%.

El tema fue abordado durante el Congreso Internacional de Maíz, donde especialistas de Nidera Semillas analizaron la evolución de la genética y el impacto que tienen las decisiones de manejo sobre la productividad y la rentabilidad.
En los últimos 25 años, la superficie destinada al cultivo de maíz en Argentina se triplicó, mientras que el rendimiento promedio nacional aumentó alrededor de un 35% y los techos productivos crecieron un 43%. Esa evolución estuvo acompañada por cambios en las regiones y fechas de siembra, además de una mayor diversidad de ambientes productivos.
Una genética adaptada a nuevas fechas y ambientes
El crecimiento del maíz argentino estuvo acompañado por una transformación en el calendario del cultivo. Mientras a comienzos de la década de 2000 predominaban las siembras tempranas en las regiones de mayor potencial, actualmente el cultivo se extiende desde el sur bonaerense hasta el norte de Salta, con una participación mucho más equilibrada entre fechas tempranas y tardías.

Leandro Ulrich, gerente de Desarrollo de Nidera Semillas, sostuvo durante el encuentro que el desarrollo de nuevos híbridos debe responder a necesidades concretas del productor.
La adaptación a diferentes ambientes y fechas de implantación se convirtió así en uno de los principales objetivos del mejoramiento genético. Un mismo híbrido debe poder sostener un buen comportamiento productivo en escenarios muy diferentes, desde una siembra temprana en Entre Ríos hasta una implantación tardía en Córdoba, Chaco o Salta.
Las siembras tardías, además, modifican el momento en que el cultivo atraviesa las etapas de definición del rendimiento y llenado de granos. Por eso, además del potencial productivo, adquieren importancia características como la fortaleza de caña y el comportamiento sanitario.
El desarrollo de un nuevo híbrido demanda al menos siete años de investigación. Frente a ese horizonte, anticipar las necesidades productivas se vuelve central para la industria semillera.

En esa línea, Nidera destinó el 60% de su red de ensayos a fechas tardías y amplió sus centros de evaluación con una nueva sede en Villa del Totoral, en el norte de Córdoba.
Según los datos presentados por Ulrich, la ganancia genética del maíz se ubica actualmente entre 80 y 100 kilos por hectárea por año. En el caso de los lanzamientos de Nidera de la última década, la empresa informó una mejora cercana al 1% anual tanto en fechas tempranas como tardías y en distintas regiones productivas.
La densidad, una decisión con impacto económico
La genética constituye una parte del potencial, pero para que ese potencial llegue al lote resulta determinante el manejo.
Sheila Casanave, extensionista de Nidera Semillas en el Litoral, señaló que cada campaña presenta condiciones diferentes y que la estrategia productiva debe adaptarse a los recursos y características de cada ambiente.
La especialista remarcó que las decisiones comienzan antes de la implantación, con la caracterización del lote, la elección del híbrido y la definición del manejo, y continúan durante el ciclo mediante el monitoreo y la evaluación del cultivo.
Uno de los puntos centrales es la definición de la densidad de siembra. Según datos recopilados por Nidera desde 2020, la siembra variable de acuerdo con los ambientes del lote permitió obtener un rendimiento 4,5% superior al de una densidad fija, considerando además el costo de la semilla.

El impacto económico también varió según la productividad del ambiente. En los sectores de mayor potencial, la diferencia llegó a 8,6 quintales por hectárea y unos US$ 85 por hectárea, mientras que en los ambientes de menor productividad alcanzó aproximadamente 2 quintales y US$ 11 por hectárea.
Estos resultados ponen en evidencia la importancia de ajustar la cantidad de plantas al potencial productivo de cada sector del lote, especialmente en sistemas donde las diferencias ambientales son marcadas.
Datos para ajustar las decisiones
La agricultura de precisión aparece como otro componente para mejorar la eficiencia en el uso de los recursos.
Las plataformas Experiencia Nidera y Asista combinan información de suelo, clima y ubicación de los lotes con datos provenientes de ensayos para orientar decisiones vinculadas con la fecha de siembra, la densidad y la fertilización nitrogenada.
El objetivo es pasar de recomendaciones generales a estrategias ajustadas a cada ambiente, utilizando información acumulada durante las campañas.
A estas herramientas se suma el trabajo de campo de los equipos técnicos. La empresa cuenta con más de 250 técnicos que realizan monitoreos, estimaciones de rendimiento y análisis de resultados al cierre de cada campaña.

De acuerdo con Casanave, la integración entre genética, manejo y datos permite avanzar sobre la brecha existente entre el rendimiento potencial y el obtenido efectivamente en los lotes.
“El camino hacia los mayores rendimientos de maíz pasa más por integrar las genéticas de alto potencial con manejo preciso y decisiones que principalmente están basadas en datos”, resumió la especialista.
Una nueva propuesta de capacitación
Durante el Congreso Internacional de Maíz, Nidera también presentó los lineamientos de GEN Nidera, una propuesta de formación técnica que tendrá al maíz como punto de partida.
El programa combinará capacitaciones con especialistas, trabajo a campo e intercambio entre productores y asesores, con el objetivo de trasladar el conocimiento técnico a decisiones concretas de manejo.

La iniciativa apunta a acompañar los cambios que atraviesa la producción de maíz y a fortalecer la incorporación de herramientas de análisis, genética y agricultura de precisión en la toma de decisiones.
En un cultivo donde los techos productivos continúan avanzando, el desafío pasa cada vez más por lograr que una mayor proporción de ese potencial pueda expresarse efectivamente en cada lote.








