El plan de Scaloni fue presionar bien arriba, ahogar a Brasil. Y salió bien en el arranque. Lo incomodó, lo puso en riesgo de perder la pelota siempre o directamente impedir que la tuviera. Fue un lapso corto, pero positivo. Sin jugadas de riesgo, al punto tal que la primera fue de Brasil, cuando Vinicius se encontró mano a mano con Martínez y ni siquiera le acertó al arco. El partido se emparejó después de esa jugada. Apareció Fred en acción, que fue la figura de un Brasil que imprimió velocidad al ataque cuando recuperó la pelota, tratando de ser lo más vertical posible y abandonando esa tendencia histórica de los brasileños a toquetear el balón en la mitad de la cancha. La presencia de Vinicius por un lado y de Raphinha por el otro, no sólo le aportó la sensación de peligrosidad constante al ataque de Brasil, sino también le impidió a Molina y a Acuña que se proyecten por los laterales. Entonces, Argentina no encontró amplitud en el ataque, no hubo desbordes por afuera y el juego terminó centralizándose de manera excesiva.

































