Franco Colapinto (Alpine) afrontará este fin de semana el Gran Premio de China, segunda parada del calendario 2026 de la Fórmula 1, en un circuito que siempre obliga a manejar con la cabeza y con el pie derecho.

Franco Colapinto correrá este fin de semana el GP de China, segunda fecha de la Fórmula 1. El Circuito Internacional de Shanghái mide 5,451 km, tiene 16 curvas y combina una vuelta técnica con una recta eterna.

Franco Colapinto (Alpine) afrontará este fin de semana el Gran Premio de China, segunda parada del calendario 2026 de la Fórmula 1, en un circuito que siempre obliga a manejar con la cabeza y con el pie derecho.
El trazado es el Circuito Internacional de Shanghái: 5,451 kilómetros, 16 curvas y un diseño que alterna sectores de precisión quirúrgica con uno de los tramos más veloces del año, ideal para el rebufo y el DRS.
La primera edición del GP de China se corrió en 2004 y la ganó Rubens Barrichello. Desde entonces, el piloto más vencedor en Shanghái es Lewis Hamilton, que construyó aquí una parte importante de su leyenda.
La vuelta arranca con un desafío poco común: la curva 1 no se termina de una vez. Es una especie de espiral que se cierra de a poco, obliga a frenar fuerte y a ir descargando volante mientras el auto pierde velocidad y busca agarre.
Ahí se define el tono del primer sector: no se trata de acelerar primero, sino de sostener el auto sin deslizar de más, para no destruir los neumáticos desde el arranque y para salir con buena tracción hacia la curva 2 y el enlace posterior.
En la salida aparece una de las claves del circuito: quien se desordena en ese complejo, paga caro en el siguiente tramo, porque Shanghái castiga cuando el auto queda mal posicionado para los cambios de dirección.
Con el auto ya lanzado, el circuito empieza a pedir precisión. Hay curvas de media velocidad que se toman en apoyo, donde el piloto necesita confianza en el frente del auto para entrar agresivo sin perder la zaga.
Luego llega una secuencia rápida que pone a prueba la estabilidad: si el auto está “plantado”, se gana tiempo; si se mueve, se pierde línea y se entra en un círculo vicioso de correcciones y desgaste.
En ese sector, Colapinto deberá encontrar el equilibrio entre velocidad y cuidado: ir fuerte, pero sin forzar un sobreviraje que le robe tracción más adelante, donde el circuito empieza a abrirse y pedir potencia.
El tramo decisivo llega antes de la recta larga. Hay una frenada muy exigente que prepara la salida hacia el sector más famoso del circuito: un straight eterno donde se alcanzan velocidades altísimas y se juega el adelantamiento.
Ahí, el detalle cuenta. Salir bien acomodado de la curva anterior puede significar ganar metros sin tocar el botón, y entrar a la recta con mejor velocidad mínima es medio adelantamiento hecho.
La vuelta se cierra con una última chicana y una salida limpia hacia la recta principal. Es el lugar donde se valida todo lo anterior: si el auto llega estable, se puede atacar; si llega caliente de gomas, se sobrevive.