“La locomotora de los recursos naturales debe enganchar a los vagones del empleo, las empresas y el desarrollo científico tecnológico porque de lo contrario será otra oportunidad perdida”, concluyeron los participantes del 2° Congreso Productivo para el Desarrollo, un encuentro en el que confluyeron más de 1000 referentes del sector político, empresarial, académico y sindical.
Volver a poner en la agenda pública el debate productivo
Más de 1.000 personas participaron del 2° Congreso Productivo para el Desarrollo, una jornada donde se analizó cuales son las condiciones que tiene Argentina para convertirse en un país desarrollado y cuales las políticas necesarias para aprovechar contexto y oportunidades.

Argentina tiene ante si una nueva oportunidad para convertirse en un país desarrollado a partir de los recursos naturales energéticos y mineros sumados a los de la agroindustria, los recursos humanos para hacerlo y una red de empresas industriales y de servicios competitivas a nivel mundial.
¿Qué falta entonces? “Las políticas públicas que no dejen pasar el tren de la historia una vez más y podamos, de una vez por todas, convertirnos en un país desarrollado y no solo una mina a cielo abierto o un yacimiento en el medio del desierto patagónico que desaparecerá cuando ya no quede más nada por extraer”.
Esta fue la conclusión más importante del congreso organizado por Misión Productiva, desarrollado en el salón de actos de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en el que participó El Litoral.

Allí disertaron políticos, empresarios y economistas, quienes se pusieron de acuerdo en la necesidad de alcanzar algunos consensos básicos entre los sectores públicos y privados -muchos fueron enunciados en el encuentro-, que permitan al país aprovechar las oportunidades y lo saquen de la grieta que, como dijo Juan Gabriel Tokatlian hace unos días en Rosario, “de seguir agrietándose nos va a convertir en inviables”.
Previsibilidad para quienes quieran invertir en el país, la construcción de un programa de desarrollo que haga que crecer la economía pero también beneficie a los argentinos a partir de políticas redistributivas, tal como lo propuso Horacio Rodríguez Larreta.
Y añadió que el tipo de cambio refleje la productividad de la economía argentina, orden macroeconómico manteniendo el equilibrio fiscal, impulso decisivo a las exportaciones, políticas industriales que permitan el desarrollo de cadenas productivas locales a partir de las explotaciones extractivas.
Todo ello con el sector privado como motor de crecimiento económico, razonables barreras que eviten que empresas subsidiadas en sus países rompan el mercado local, acceso a las divisas que generen certezas en los inversores y estabilidad jurídica e impositiva.

Un dato destacado en las distintas exposiciones fue una paradoja argentina que, desde que las estadísticas lo miden, no había ocurrido nunca. Argentina el año pasado creció en un contexto de destrucción de empresas (unas 24 mil desde noviembre de 2023) y una perdida de empleos que en la industria ya suman 130 mil y en el sector privado registrado 260 mil.
Es decir que la actual economía no genera empleo formal, excepto unas pocas empresas vinculadas con los sectores extractivos centradas fundamentalmente en Neuquén. Un modelo económico con sectores elegidos por el gobierno que no dejarán nada en el país cuando ya no haya nada que sacar debajo de la tierra o de las montañas. Pan para hoy y hambre para mañana.
Una de las discusiones que atravesó los distintos paneles es el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que fue destacado porque “un régimen de incentivo a las inversiones Argentina tiene que tener, porque de lo contrario es difícil que los inversores nos crean por nuestros incumplimientos anteriores”. Pero también muy cuestionado, porque solo se dictó para determinados sectores contra la idea original de que fuera para todos.

A eso lo marcó el presidente del Cippec, Luciano Laspina, autor de una iniciativa cuando era diputado nacional. A la vez, hubo críticas porque el régimen “desarrolla poco de la industria nacional” y porque “genera incentivos inversos”, como dijo el ex ministro de Desarrollo Productivo Matias Kulfas.
El ex funcionario apuntó que “pone en desigualdad de condiciones a las empresas argentinas que, por ejemplo, deben pagar impuestos para importar un insumo mientras que las empresas extranjeras están exentas de hacerlo”.
“Para construir una Argentina mejor para los argentinos el desarrollo productivo es central; definir la estructura productiva define la calidad de vida de los argentinos en un contexto donde nos enfrentamos a riesgos sociales” fue una de las definiciones que se expresaron en el Congreso.
En ese marco, todos los participantes coincidieron en que el país se encuentra ante una nueva oportunidad, producto de los recursos naturales. Que hoy exportan por 13 mil millones de dólares pero en 2035 se estima lo harán por 70 mil millones, más que lo que hoy vende al exterior el complejo agroindustrial.

“Tenemos que evitar creer que vamos a ser un país desarrollado apostando exclusivamente a los recursos naturales y también que con los recursos naturales que tenemos alcanza. No hay dudas que exportar más recursos naturales es central para el desarrollo argentino, pero no necesariamente nos vuelve desarrollados. Está lleno de países especializados en recursos naturales que no son desarrollados, como los países africanos”, resumió Daniel Schteingart.
El disertante advirtió, a la vez, que tal como está diseñada la política actual, “arrastra pocos proveedores locales, crea poco empleo formal y empresas, arrastra poco desarrollo científico tecnológico en la Argentina y el riesgo de esto es tener un territorio transitoriamente más rico mientras dure el boom, pero con una economía más dual, más desigual y más conflictiva”
Añadió que “claramente las industrias extractivas de energía y minería van a ser una locomotora de dólares, pero esa locomotora no es de tantos dólares como solemos creer. Los países del Golfo Pérsico y Noruega tienen alrededor de U$S 35 mil dólares per cápita por año de productos primarios. Australia U$S 12 mil, Canadá U$S 7 mil, Chile U$S4 mil y Argentina solo U$S 1.000 y si las predicciones anteriores se cumplen, nosotros iremos para el 2035 a unos 3.000 dólares per cápita de exportaciones de productos primarios.
“Es decir, aún con todo funcionando al máximo de sus posibilidades no llegamos ni a tener las exportaciones de recursos naturales per cápita de Chile, lo que quiere decir que con la locomotora de los recursos naturales no nos vamos a transformar en un país ampliamente desarrollado, que además no está arrastrando a los otros vagones ni está derramando en términos de empleo”, expuso el economista.

Otro de los problemas que también atravesó las exposiciones fue lel del empleo, el proceso de precarización en el que se han perdido desde diciembre de 2023 casi 300 mil puestos formales, que pasaron a la informalidad profundizando un proceso que empezó hace décadas.
Desde 1988 hay al menos un 30% de trabajadores informales, con una brecha económica de clase relevante: en la clase media son informales solo 2 de cada 10 trabajadores, mientras que entre los pobres son informales 6 de cada 10; siendo los sectores con mayor cantidad los de casas particulares, construcción y comercio.
También aquí hubo una unánime coincidencia: lo que genera emplea es una economía que crece y no una ley que precariza el empleo. Tal es el efecto que asignaron a la impulsó el gobierno nacional, que restituye la asimetría de las relaciones laborales entre empleador y empleado y que la ex ministra de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, Mara Ruiz Malec, considera que hay que derogar porque el Estado tiene que “volver a mediar en la redistribución”.

“La industria es un sector potente y resiliente en Argentina, es valor agregado, es clase media. Tenemos que romper con esta inercia de informalidad creciente a partir de una estrategia productiva que nos saque del pantano en el que está la economía argentina. Hablamos mucho de trampa holandesa, pero si seguimos por este camino vamos a hablar de trampa latinoamericana, donde la informalidad le gana a la formalidad.
“Los industriales nacionales son los que primero invierten cuando el contexto los acompaña y es el que retiene los talentos porque saben que el capital humano es demasiado valioso para dejarlo ir”, fue otra de las reflexiones del encuentro.









