Eran las 15:06 en la Argentina cuando el humo blanco comenzó a brotar de la chimenea más famosa del mundo. Tras la histórica renuncia de Benedicto XVI, el Colegio Cardenalicio había tomado una decisión que cambiaría el curso de la Iglesia Católica para siempre. Minutos después, el cardenal protodiácono Jean-Louis Tauran pronunciaba las palabras que paralizaron al país: "Habemus Papam... Georgium Marium Bergoglio".

































