El estrecho de Bab el-Mandeb conecta el Mar Rojo y el Golfo de Adén en medio del Cuerno de África y la Península Arábiga. Allí, la tensión es una costumbre ante la presión regional de los hutíes de Yemen, parte del Eje de la Resistencia de Irán.
La designación de embajador en Somalilandia, región separatista, desató la fuerte medida. La Liga Árabe condenó la decisión mientras se amplía la tensión a África.

El estrecho de Bab el-Mandeb conecta el Mar Rojo y el Golfo de Adén en medio del Cuerno de África y la Península Arábiga. Allí, la tensión es una costumbre ante la presión regional de los hutíes de Yemen, parte del Eje de la Resistencia de Irán.
En la última semana se ha sumado un nuevo actor directo en las complicaciones del paso marítimo por este sector: Somalia. El país africano tomó la drástica medida de prohibir el paso de buques de Israel en reclamo por la designación de embajador en Somalilandia, un territorio norteño separatista.
Independiente de facto, es una región clave en la comprensión comercial del este de África al tener a Israel como único país que lo reconoce desde diciembre de 2025. A este gesto diplomático más que relevante, se suman los acuerdos que firmó con Etiopía para el acceso al mar mediante el puerto de Berbera, de inversión israelí. Los etíopes sufren de la actual demarcación de fronteras ante la formación de Yibuti, independiente desde 1977, pero con bases militares de EE.UU., China, Francia, Japón e Italia.
La figura de Yemen es de peso en el accionar regional ante la necesidad de soporte técnico y militar para un Somalia que no estaría preparada para la amenaza en cuestión, según expertos. Tanto Irán como Israel han avanzado en acuerdos o refuerzos de lazos diplomáticos a lo largo de todo el continente africano, con foco en el este y la salida al Mar Rojo.
La guerra en Sudán es uno de los epicentros de la sensible presión e inversión en proxys desde Medio Oriente, pero también con visitas de ambos lados a países como Kenia.
Desde Mogadiscio, capital de Somalia, condenaron el nombramiento de un embajador israelí en Somalilandia y lo califica como “violación de su soberanía y del derecho internacional”.
Según el Ministerio de Asuntos Exteriores somalí, la decisión constituye una transgresión directa de la unidad e integridad territorial del país, en contravención de la Carta de las Naciones Unidas y los principios de la Unión Africana.
Una figura somalí clave en la región, el embajador ante Etiopía y la Unión Africana, Abdullahi Warfa, escribió en su cuenta de X que “cualquier país que interfiera en los asuntos internos de Somalia y comprometa su integridad territorial y soberanía enfrentará repercusiones, incluidas posibles restricciones en el acceso al estrecho de Bab-el-Mandeb”.
Un comunicado de la Liga Árabe, la cual cuenta con un total de 21 miembros, también lo definió como una "flagrante violación" de la soberanía y la integridad territorial de Somalia.
"Este paso es nulo y sin efecto, ilegal, y constituye una peligrosa escalada y una violación flagrante de la soberanía y la integridad territorial de Somalia, así como un claro incumplimiento de la Carta de las Naciones Unidas y de las normas del derecho internacional", afirmó el secretario general de la organización, Ahmed Abulgueit.
La sede fundacional y actual de la Liga Árabe es El Cairo, Egipto, casualmente el país que sostiene una disputa con los etíopes por la construcción de represas que afectarán el panorama hídrico egipcio.
Por encima de este grupo, Pakistán, uno de los intentos de nexo entre Teherán y Washington, también repudió la designación en otro texto publicado desde Islamabad junto a Arabia Saudí, Egipto, Turquía, Indonesia, Argelia, Pakistán y Bangladesh.
Estos últimos movimientos extienden hacia el oeste la crisis del estrecho de Ormuz, por la disputa que en el frente tiene a Irán y Estados Unidos. Por Bab el-Mandeb transita aproximadamente el 12% del comercio marítimo mundial y cerca del 30% del tráfico mundial de contenedores.
En simultáneo, un reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) sostiene que el cierre de Ormuz plantea grandes riesgos para los mercados mundiales agrícolas y ya se está traduciendo “en mayores costos de los alimentos para algunas de las poblaciones más vulnerables del mundo”. Indican que en estados frágiles como Yemen, Sudán, Cisjordania y Gaza, Siria y Somalia, los alimentos ya suponen hasta la mitad de las importaciones y “más de la mitad de la población”.
Cabe destacar que Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos (EAU), Qatar, Kuwait, Bahréin y Omán producen más del 40 % de las exportaciones mundiales de azufre y aproximadamente el 20 % de las exportaciones de amoníaco y fertilizantes nitrogenados, claves para el sector agrícola.




