-Una de esas almas lleva el nombre de Trump y la otra hoy el de Kamala Harris. En el último mes han pasado cosas inesperadas e inéditas en el debate electoral norteamericano. Por un lado, el intento de asesinato del expresidente Donald Trump, que sin dudas va a quedar en la memoria de la historia política de los Estados Unidos. Particularmente me llamó la atención los reflejos de Donald Trump, que cuando se incorpora después de haberse tirado al piso, ignorando que tiene un balazo que le atraviesa la oreja y no teniendo en claro qué estaba pasando, intuye la naturaleza del hecho y se levanta con un puño en alto en una fotografía que parece armada pero que no lo fue, con la bandera de los Estados Unidos atrás, dos o tres miembros del servicio secreto cubriéndolo y él emergiendo con el puño en alto, gritando "a luchar, a luchar". Por otro lado, veníamos viendo al candidato demócrata Joe Biden en un proceso de deterioro personal que era evidente en los medios. El primer debate que tuvo lugar en Atlanta, fue absolutamente determinante de lo que habría de pasar pocas semanas después. Estuve con Joe Biden el año pasado en una reunión de una hora y media en la Casa Blanca, acompañando al presidente Alberto Fernández, y vi a un presidente Biden absolutamente lúcido que manejó la reunión todo el tiempo, que conocía los temas, daba la palabra e interrogaba.