El banquero del poder, era consciente que tenía poco tiempo, el mundo estaba cambiando y el sistema político-financiero cambiaba con él. Quizás por eso, en su esplendor, hizo dos inversiones inexplicables, pero, para él, necesarias. Compró dos hospedajes emblemáticos. El Edificio Ritz, en el centro de la ciudad de Santa Fe, donde funcionó por siete años una sucursal de mediana importancia, ocupando solo tres plantas y dejando las de más arriba como vivienda de algunos gerentes y de su familia en paso por la ciudad.