Cada 27 de agosto marca un hito en la agenda productiva del país. Instituido por la Ley 27719 como el Día Nacional de la Comunidad Empresarial. La fecha interpela al ecosistema económico, no solo por ser un homenaje al fallecimiento de Enrique Shaw en 1962 sino por la vigencia de su pensamiento.
La empresa como comunidad de vida frente a los desafíos del siglo XXI
En un mundo en constante cambio, las empresas deben asumir su rol como comunidades de vida, priorizando el bienestar humano sobre la simple eficiencia económica.

Su legado invita a una transformación profunda, dejar de concebir a la empresa como una fría estructura de balances, para entenderla como una célula vital del tejido social (*). Durante décadas, las unidades productivas se evaluaron casi en exclusiva a través de métricas estrictamente cuantitativas como productividad, financiamiento, volumen de empleo, etc.

Sin embargo, el espíritu de la ley busca recuperar una premisa central, la empresa es, ante todo, una comunidad de vida. Bajo esta perspectiva, existe una analogía directa con la familia. Así como ésta es la célula básica de la sociedad, la empresa lo es de la economía. El éxito corporativo resulta, entonces, inseparable de los valores, la ética y la formación de las personas que la integran.
Esta visión cobra un sentido urgente en la actualidad. Nos encontramos en una encrucijada donde la inteligencia artificial y la automatización acelerada redefinen las reglas del mercado.
La encíclica Magnifica Humanitas advierte sobre este dilema: ¿nos dejaremos guiar por la eficiencia tecnológica como único principio rector, o situaremos la dignidad humana en el centro? Cuando la rentabilidad y el algoritmo se convierten en el fin absoluto, el trabajo corre el riesgo de perder su dimensión ética y relacional.
Shaw comprendió tempranamente que el progreso técnico es una expresión superior de la creatividad humana, pero enfatizó que debe permanecer siempre como un instrumento al servicio de las personas, jamás como un fin en sí mismo.
El líder empresarial del siglo XXI no es quien maximiza indicadores a cualquier costo, sino quien actúa como un «artesano de esperanza», capaz de escuchar y cooperar en la construcción de una sociedad más justa.
Uno de los aportes más valiosos de Shaw, y que promovió activamente desde la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), fue demostrar que la eficiencia económica y la dimensión humana del trabajo no se oponen, son dos caras de la misma moneda. Su enfoque de la responsabilidad social no era solo imagen corporativa, sino una convicción ética profunda.

Para él, para poder redistribuir riqueza primero era indispensable producir más y mejor, mediante la inversión y el progreso técnico. Su impulso a la Ley Nacional de Asignaciones Familiares refleja con claridad esta visión integral del desarrollo. Shaw no defendió esta medida únicamente desde un lugar moral, sino que analizó rigurosamente su viabilidad económica.
Estaba convencido de que fortalecer el bienestar de la familia del trabajador constituía la inversión más sólida para garantizar la estabilidad de la industria y el desarrollo del país. El desafío actual, señala el papa León XIV, pasa por transitar de una "cultura del poder", dominada por la eficacia ciega, hacia una "civilización del amor" cimentada en la justicia, la fraternidad y el diálogo.
La conmeración del Día Nacional de la Comunidad Empresarial es un llamado a ser actores comprometidos en custodiar lo humano. La figura de Shaw ofrece a la Argentina un faro para recordar que la verdadera grandeza de una organización no radica en su músculo financiero o tecnológico, sino en su capacidad de generar un impacto positivo en las personas.
(*) Debido a su vida ejemplar, la Iglesia Católica inició el proceso de canonización de Enrique Shaw y desde 2021 es considerado venerable. El 18 de diciembre de 2025, León XIV aprobó el decreto que afirma la existencia de un milagro que tuvo lugar por su intercesión, lo que conduciría a su beatificación. Tras su beatificación, Shaw sería el primer beato identificado plenamente como un empresario moderno.
El autor de esta nota es coordinador de la Cátedra Abierta de la Empresa "Enrique Shaw" de la Universidad Católica de Santa Fe y miembro de la ACDE.





















