El bebé nació bien, y un par de días después ya estaba en casa, tan feliz y tan contento, y tomaba con avidez la teta de su madre. No sé si sus padres lo miraban con sospechas, disimulando temores, pero sí sé que al noveno día vieron que en las manos y en los pies tenía algo que no estaba bien. Les vendrían a la memoria recuerdos de poco antes del parto, al padre; y de poco después del parto, a la madre.


































