¿Queridos amigos, cómo están? Este domingo que pasó, el primero de noviembre, celebramos la fiesta de "Todos los santos". Se trata de una celebración muy antigua de la Iglesia, que inicialmente significaba un recuerdo colectivo de los mártires, posteriormente pasó a ser una celebración conjunta de todos los santos, mártires o no, y finalmente se le añadió un significado nuevo: "santo desconocido".
"Sean santos como su Dios es santo"
Esa santidad no se recibe en bandeja, se construye y se conquista día a día. ¿Entonces, podemos alcanzarla? ¿Cómo la construimos? ¿Cómo hacemos para lograrla o conquistarla? ¿Es cierto que dos fuerzas interiores conviven en nosotros, una buena y una mala, en lucha permanente? ¿Cómo alimentamos el costado bueno de cada uno de nosotros, especialmente en la ctual sociedad consumista, la del tener a ultranza?

¿Por qué? Porque muchos hombres y mujeres, pienso en mis padres, no han sido llevados a los altares, pero su paso por este mundo fue un testimonio maravilloso de coherencia de vida y seguimiento de Jesús. Y en esta fiesta, la Liturgia de la Palabra de Dios de hoy nos regala el bellísimo texto de las Bienaventuranzas, que nos dice:
"En aquel tiempo, Jesús al ver el gentío, subió al monte y les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia (...)".
"(...) Bienaventurados los misericordiosos. Bienaventurados los limpios de corazón, los que trabajan por la paz. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos".

Haciendo una lectura rápida del texto nos damos cuenta de que las Bienaventuranzas no son un camino fácil, pues no coinciden con los valores que ha elegido, promueve y vive nuestra "sociedad del tener". Contrastan fuertemente con el estilo de vida de muchas personas. Ahora me pregunto: ¿qué es la santidad?
Según la perspectiva bíblica y cristiana, no se trata de alcanzar la perfección por el esfuerzo puramente humano, implica una transformación de la vida cotidiana por medio de la gracia divina. La santidad no se recibe en una bandeja cuando llegamos al mundo, una vez y para siempre. Todo lo contrario: se la conquista día a día.
Dios promete mucho, pero no regala nada. Y esto es maravilloso porque nos invita al esfuerzo y a la colaboración, tal como lo expresa bellamente una leyenda difundida en lengua inglesa que la tradición adjudica al pueblo cherokee (*):
"Una noche, un anciano y su nieto se sentaron a conversar sobre la vida. El abuelo le dijo a su nieto: Todos nacemos con dos lobos adentro. Uno de los lobos tiene mucho amor, es agradecido, alegre, compañero, confiado y tranquilo. El otro lobo tiene miedo, es violento, es competitivo, desconfiado, y resentido. ¿Y cuál de los dos lobos gana? Preguntó el niño. Aquel que tú alimentas más, contestó su abuelo".
Qué bello es constatar que, en estos tiempos de tanta confusión, cuando el hombre con frecuencia ya no sabe cuál es el sentido de su vida, ni de donde viene ni a dónde va, el Concilio Vaticano II nos recuerda que todos tenemos una llamada universal a la santidad: "Sean santos como su Dios es santo". Los tiempos van cambiando rápidamente. Lamentablemente lo que antes era sagrado, hoy ya no lo es.
En la sociedad actual, hay otros ritos, ideologías y creencias que reemplazan los valores cristianos. Es curioso notar que en los medios se habla más de Halloween que de la santidad cristiana. Tanto es así que ya el año pasado me quedé sorprendido con los festejos por la Noche de Brujas, porque ya no solo se dan en Estados Unidos, sino también en Argentina nuestro país.

Contemplando a muchas personas, niños, adolescentes y jóvenes disfrazados de mil maneras con máscaras del diablo, malos espíritus y otras cosas en nuestra querida ciudad de Esperanza, me preguntaba:
¿Qué nos está pasando?, ¿qué nos motiva a realizar ritos que adoran a los espíritus malignos en la sociedad en su mayoría cristiana?, ¿por qué se da tanta importancia a las celebraciones que van en contra de los valores cristianos, fomentando las prácticas oscuras? Hoy, tal como estamos: ¿Argentina necesita más tinieblas, más demonios, más diablos?
Seguramente que no. Nuestra querida patria, Argentina, hoy más que nunca necesita mucha luz de Cristo y su Evangelio. Por eso insisto, mis queridos amigos. A lo largo de la historia de la Iglesia se canonizaron muchas personas y se sigue canonizando otras.
¿Por qué? Para decirnos que el Evangelio de Jesús no es solo un ideal, es posible vivirlo porque otras personas de carne y hueso como nosotros, en otros tiempos y en otros contextos, llegaron a ser santos. Hay muchas madres y padres, que la Iglesia no llegó a canonizar, pero por su entrega, servicio y vida intachable merecen ser declarados santos.
Concluyendo mi reflexión, me hago varias preguntas. ¿Cómo vivimos las Bienaventuranzas? ¿Nuestra vida aporta algo significativo a la sociedad de hoy? ¿Nuestra presencia mejora el lugar donde trabajamos, somos una presencia positiva, sanadora y transformadora? Felicitaciones a todos. Que todos tengamos una feliz semana.
Que Dios nos bendiga.
(*) Aclaración
Aunque proviene de la cultura nativa norteamericana, la historia conocida como "La fábula de los dos lobos" logró popularizarse en forma masiva en el mundo occidental recién a partir de su primera aparición impresa.
Fue en el libro The Holy Spirit ("El Espíritu Santo", 1978), del pastor evangelista Billy Graham. Es una conocida leyenda atribuida a la cultura cherokee que narra la lucha interna entre el bien y el mal que habita en cada persona.














