El cáncer de mama es el tumor más frecuente entre las mujeres y cada año se producen más de 20.000 nuevos diagnósticos en Argentina, según las estimaciones del Observatorio Global del Cáncer (Globocan).
Cáncer de mama: los avances que permiten reducir tratamientos y mejorar la calidad de vida
Los avances médicos permiten reducir cirugías, sesiones de radioterapia y quimioterapia en determinados casos, sin comprometer los resultados oncológicos. Especialistas destacan la importancia de adaptar cada tratamiento al tipo de tumor y a las características de cada paciente.

En el marco de Octubre Rosa, el mes dedicado a la concientización sobre esta enfermedad, los especialistas destacan dos avances que están transformando la atención: la posibilidad de personalizar los tratamientos para evitar intervenciones innecesarias y la incorporación de la actividad física como parte del abordaje integral.
El mayor conocimiento de las características biológicas de cada tumor permite seleccionar terapias más precisas y, en determinados casos, reducir la intensidad o la duración de los procedimientos. Esta estrategia se conoce como desescalamiento terapéutico y busca obtener el mismo control de la enfermedad con una menor intervención, siempre que exista evidencia científica que respalde esa decisión.

“Cuando hablamos de desescalamiento, nos referimos a intentar obtener el mismo control oncológico con la menor intervención posible: menos cirugía, menos radioterapia, menos quimioterapia o tratamientos más cortos”, explicó el mastólogo Federico Coló (MN 47917).
El especialista aclaró que esta posibilidad no se aplica de manera indiscriminada. La reducción de los tratamientos depende del riesgo particular de cada paciente, de las características del tumor y de la evidencia disponible para cada situación.
En paralelo, el cáncer de mama inflamatorio presenta desafíos diferentes. Se trata de una forma poco frecuente y de evolución rápida que puede avanzar sin producir un bulto palpable. La cirujana oncóloga Tina Hieken, advirtió que los cambios en la piel pueden ser una de las principales señales de alerta y requieren una evaluación médica.
Ambos enfoques reflejan la importancia de reconocer las particularidades de la enfermedad: desde la detección de síntomas que pueden pasar inadvertidos hasta la elección de un tratamiento ajustado a las necesidades de cada mujer.

Menos intervenciones, pero con el mismo objetivo: controlar la enfermedad
El desescalamiento terapéutico representa un cambio en la forma de abordar algunos casos de cáncer de mama. Durante años, la tendencia fue utilizar combinaciones de tratamientos para reducir el riesgo de que la enfermedad reapareciera. Sin embargo, la evidencia acumulada permitió identificar grupos de pacientes que pueden obtener resultados similares con intervenciones menos intensivas.
Esto puede traducirse en cirugías más pequeñas, esquemas de radioterapia más cortos o una reducción de determinados tratamientos sistémicos, como la quimioterapia. El objetivo es evitar los efectos adversos de procedimientos que no aportarían un beneficio significativo en determinados casos.
“Lo que verdaderamente ganó terreno en los últimos años es comprender el tratamiento del cáncer de mama en forma personalizada y multidisciplinaria”, afirmó la doctora Luciana Sabatini (MN 153025), mastóloga y ginecóloga.
La especialista señaló que el desarrollo de medicamentos dirigidos a características específicas de los tumores, junto con las mejoras en las técnicas quirúrgicas y de radioterapia, permite disponer de alternativas adaptadas a cada paciente.

En cirugía, los procedimientos menos invasivos y las técnicas más precisas buscan reducir las complicaciones, el tiempo de internación y los efectos indeseados, como las alteraciones de la sensibilidad o el linfedema, una hinchazón que puede afectar al brazo después de determinados tratamientos.
En radioterapia, los avances permiten ofrecer esquemas más breves y personalizados en situaciones seleccionadas. También existen casos en los que puede evaluarse la posibilidad de omitir la biopsia del ganglio centinela, un procedimiento utilizado para determinar si las células cancerosas llegaron a los primeros ganglios linfáticos que reciben el drenaje de la mama.
La posibilidad de reducir tratamientos depende, entre otros factores, del subtipo tumoral. Coló explicó que algunos cánceres de mama luminales, que expresan receptores hormonales y no presentan sobreexpresión de la proteína HER2, pueden tratarse con técnicas más conservadoras cuando se detectan en estadios iniciales.
Sin embargo, el especialista aclara que la evaluación debe ser individual. La edad, las enfermedades asociadas, los antecedentes familiares y las características del tumor también influyen en las decisiones médicas.

“Entender el riesgo particular de cada paciente nos permite disminuir los efectos adversos sin comprometer el buen resultado oncológico”, sostuvó Coló.
De acuerdo con el mastólogo, cuando el diagnóstico se realiza en estadios iniciales, las posibilidades de curación rondan el 90%. En los casos avanzados o con enfermedad diseminada, los tratamientos más recientes también permitieron prolongar la sobrevida y mejorar la calidad de vida.
Cáncer de mama inflamatorio: las señales que no hay que pasar por alto
A diferencia de las formas más frecuentes de la enfermedad, el cáncer de mama inflamatorio suele avanzar rápidamente y no necesariamente produce un bulto. Según Tina Hieken, una de sus características principales es la aparición de cambios visibles en la piel de una de las mamas.
Entre las señales que pueden presentarse se encuentran el enrojecimiento o una coloración rosada, rojiza, morada o similar a un moretón; un aumento inusual de la temperatura de la mama y una textura cutánea parecida a la cáscara de una naranja, conocida como peau d'orange.

Estos síntomas pueden confundirse con otras afecciones, como una infección de la piel, mastitis o la enfermedad de Paget de la mama. Por eso, la evaluación médica es fundamental para determinar su origen.
El cáncer de mama inflamatorio representa aproximadamente entre el 1% y el 5% de los diagnósticos de cáncer de mama, pero las estadísticas citadas por Mayo Clinic le atribuyen alrededor del 10% de las muertes por esta enfermedad.
“Cuando hay cambios en la piel de la mama, sobre todo en mujeres que no están amamantando y no presentan enrojecimiento asociado a la lactancia, eso puede ser una señal de alarma de cáncer y debe ser evaluado por un profesional médico”, advirtió Hieken.
La especialista explica que los síntomas pueden desarrollarse en pocos meses, una evolución más rápida que la observada en otras presentaciones de la enfermedad. Esto ocurre porque las células anormales se desplazan por los vasos linfáticos de la piel y los tejidos blandos, lo que genera los cambios visibles.

El tratamiento suele comenzar con una terapia sistémica, es decir, que actúa en todo el organismo. La elección depende de las características biológicas del tumor e incluye, según cada caso, quimioterapia, terapias dirigidas contra la proteína HER2 o inmunoterapia.
Posteriormente, puede realizarse una cirugía para extirpar la mama y los ganglios linfáticos cercanos, seguida de radioterapia en la zona del tórax, la axila y el hombro. Hieken destacó que la combinación de tratamiento sistémico, cirugía y radioterapia es fundamental para controlar esta forma de cáncer, que presenta un riesgo elevado de diseminación y recurrencia.
La especialista también subrayó los avances registrados en los tumores HER2 positivos, gracias a la incorporación de medicamentos que actúan de manera complementaria sobre esa proteína. Para las pacientes que no responden completamente al tratamiento inicial, existen además terapias dirigidas que pueden administrarse después de la cirugía.

Actividad física: una aliada durante el tratamiento y después del cáncer
Además de los avances en los tratamientos médicos, la actividad física ocupa un lugar cada vez más relevante en la atención integral de las pacientes con cáncer de mama.
El ejercicio aeróbico y el entrenamiento de fuerza pueden ayudar a combatir la fatiga asociada a la quimioterapia y otras terapias, preservar la masa muscular, evitar el aumento de grasa corporal y contribuir al bienestar emocional.
“La actividad física es un pilar fundamental para mitigar los efectos secundarios más frecuentes de la quimioterapia y otras terapias”, explicó Águeda M. Cotignola, médica clínica, deportóloga y especialista en ejercicio en oncología.

La profesional destacó que el ejercicio no reemplaza ningún tratamiento médico, sino que lo complementa. Su planificación debe adaptarse a la capacidad física y a la situación clínica de cada paciente, con una progresión adecuada a lo largo del tiempo.
Uno de los beneficios señalados por Cotignola es la prevención y el control del linfedema, una inflamación del brazo que puede aparecer después de la cirugía o la radioterapia de los ganglios linfáticos.
“Antiguamente se aconsejaba no mover el brazo afectado, pero la evidencia científica actual desmintió ese mito”, señaló la especialista. Según explica, el entrenamiento de fuerza progresivo y adaptado es seguro y puede contribuir a prevenir el linfedema. Cuando la inflamación ya está presente, también puede ayudar a reducir el dolor y mejorar la movilidad del hombro y la funcionalidad del brazo.
Una vez finalizado el tratamiento, mantener una rutina activa también aporta beneficios a largo plazo. De acuerdo con la información compartida por los especialistas, realizar entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física moderada —como caminar a buen ritmo, bailar o andar en bicicleta— se asocia con una menor mortalidad y una mejor calidad de vida.

Detección temprana y controles
La detección temprana continúa siendo una herramienta central para mejorar los resultados del tratamiento. La aparición de un bulto nuevo, cambios en la piel, modificaciones en el pezón, inflamación o secreciones anormales son motivos para consultar con un profesional de la salud.
En relación con los controles, la información proporcionada por los especialistas recomienda realizar una mamografía anual a partir de los 40 años, con la posibilidad de adelantarla cuando existen antecedentes familiares. La indicación concreta debe evaluarse con el equipo médico según los antecedentes y las características de cada persona.
La concientización también implica comprender que no existe un único tratamiento válido para todas las pacientes. Algunas podrán acceder a procedimientos conservadores, mientras que otras necesitarán combinar diferentes terapias para controlar la enfermedad.
El objetivo del abordaje personalizado es evitar tanto la intervención insuficiente como los tratamientos que no aporten beneficios adicionales. A esto se suma el acompañamiento de profesionales de distintas especialidades, desde oncología médica y cirugía hasta radiología, rehabilitación, asesoramiento genético y apoyo psicológico.








