Fue lo peor y eso ya es mucho decir. Colón jugó muy mal. Pero además, fue un equipo sin rebelión, sin actitud, “planchado”. Y todo eso, en medio de un panorama muy desolador, en el que ya resulta inentendible poder justificar la tremenda desjerarquización que ha tenido este plantel. Hay responsabilidades varias en esta cadena. Uno de los eslabones, el último, es el actual entrenador. Desconcertado, no le encuentra la vuelta y el equipo juega cada vez peor. Pero él no armó el plantel, recién lo dirigió siete partidos y es uno de lo que tiene que asumir una cuota de culpa que empieza en la dirigencia, en la secretaría técnica, en el anterior entrenador y también en el bajón tremendo que han tenido muchos jugadores.




































