Con el comienzo de la campaña comercial 2025/26 a la vuelta de la esquina, la dinámica de comercialización anticipada marca un contraste nítido entre los principales cultivos.
A días del inicio formal de la campaña 2025/26, el maíz exhibe uno de los mayores ritmos de ventas anticipadas de la última década, mientras la soja se mantiene rezagada en el mercado interno pero escala en Chicago por la demanda de biodiesel y expectativas de compras chinas. El trigo acompaña el rally global en un contexto de tensión geopolítica y recortes de oferta.

Con el comienzo de la campaña comercial 2025/26 a la vuelta de la esquina, la dinámica de comercialización anticipada marca un contraste nítido entre los principales cultivos.
El maíz registra 17,4 millones de toneladas comprometidas antes de marzo, equivalentes al 28% de la producción esperada. Se trata del tercer mejor desempeño de la última década y prácticamente duplica el volumen vendido a igual fecha del ciclo previo.
La competitividad externa explica buena parte del fenómeno. Con un FOB promedio de 206 dólares por tonelada, el maíz argentino se posiciona como el origen más atractivo en mercados de África y Asia, superando a Estados Unidos y Ucrania. Esta ventaja comercial tracciona las compras anticipadas del sector exportador y dinamiza el mercado interno.
En paralelo, la evolución de precios reforzó la estrategia de venta temprana. El contrato abril 2026 en el mercado A3 pasó de promediar 176 dólares por tonelada en septiembre-octubre a 184 dólares en la actualidad, una mejora del 5%. En cambio, la soja transitó meses de debilidad hasta el reciente rebote, lo que desincentivó compromisos anticipados.
El contraste es elocuente: apenas 5,6 millones de toneladas de soja nueva tienen contrato, el 12% de la producción estimada, segundo registro más bajo en doce años. El factor volumen incide, pero el diferencial de precios y expectativas terminó inclinando la balanza hacia el cereal.
En el plano internacional, el complejo sojero volvió al centro de la escena. El aceite de soja en la Chicago Board of Trade superó los 1.330 dólares por tonelada, igualando los máximos de septiembre de 2023. La suba se explica en gran medida por la fortaleza de la demanda estadounidense.
El crushing en Estados Unidos avanza a ritmo récord. En lo que va de la campaña se procesaron 29,6 millones de toneladas, tres más que un año atrás. El United States Department of Agriculture proyecta 70 millones para el ciclo completo, impulsados por una industria de biodiesel en expansión que absorbería 6,7 millones de toneladas de aceite, casi la mitad de la producción prevista.
La política energética también suma presión alcista. La Environmental Protection Agency elevó su propuesta de mezcla obligatoria de biomasa, lo que consolidaría mayores cortes y, por ende, mayor demanda de aceites vegetales. En un escenario global de oferta ajustada, este factor actúa como sostén estructural de precios.
A ello se suma el componente geopolítico.
Tras un fallo de la Supreme Court of the United States que anuló el esquema de aranceles recíprocos aplicado por Donald Trump bajo la IEEPA, el mercado apostó a que China mantendrá su compromiso de compras de soja estadounidense. Los fondos especulativos incrementaron posiciones compradas en soja y aceite, llevando a la oleaginosa a máximos desde noviembre pasado.
El trigo no quedó al margen del rally. En Chicago alcanzó los 213 dólares por tonelada, su nivel más alto desde junio de 2025. Parte del impulso provino del mercado energético: la suba del crudo WTI, en medio de tensiones entre Estados Unidos e Irán, añadió prima geopolítica a los commodities.
El canal financiero amplificó el movimiento. Los fondos recortaron posiciones cortas de manera agresiva —desde un pico de más de 110.000 contratos vendidos en enero— generando compras técnicas que fortalecieron la tendencia.
En el plano estructural, las primeras proyecciones 2026/27 del USDA anticipan una caída de 6,3% en la producción estadounidense, lo que ajusta los balances futuros y otorga respaldo adicional a las cotizaciones.
Así, entre competitividad exportadora, política energética y reacomodamientos financieros, el mercado de granos ingresa en la campaña gruesa con señales mixtas: maíz con ventas adelantadas récord, soja sostenida por el aceite y un trigo que encuentra soporte en la incertidumbre global.




