El 28 de febrero de 1971, el óvalo del autódromo “Ciudad de Rafaela” escribió una de las páginas más audaces del deporte argentino: la disputa de las 300 Millas Indy, fecha inaugural del campeonato del United States Auto Club (USAC).
A 55 años de aquella hazaña organizativa y deportiva, Rafaela recuerda el 28 de febrero de 1971, cuando recibió a las estrellas del United States Auto Club en las históricas 300 Millas Indy. Con más de 35.000 espectadores y autos que superaban los 300 km/h, la victoria de Al Unser y la destacada actuación de Carlos Pairetti marcaron una jornada que colocó al autódromo “Ciudad de Rafaela” en la escena grande del automovilismo internacional.

El 28 de febrero de 1971, el óvalo del autódromo “Ciudad de Rafaela” escribió una de las páginas más audaces del deporte argentino: la disputa de las 300 Millas Indy, fecha inaugural del campeonato del United States Auto Club (USAC).
Más de 35.000 personas asistieron a un espectáculo sin precedentes en Sudamérica, con los bólidos de la Fórmula Championship —antecesora de la actual IndyCar Series— girando a más de 300 km/h. El triunfo fue para Al Unser, mientras que el argentino Carlos Pairetti firmó una meritoria novena posición.
La semilla de aquella gesta se había plantado mucho antes. El Atlético de Rafaela, fundado el 13 de enero de 1907 como institución futbolística, amplió su horizonte en 1919 al organizar competencias automovilísticas en caminos rurales.
El entusiasmo por los “fierros” fue creciendo hasta desembocar, en 1926, en las primeras 500 Millas Argentinas, disputadas sobre un circuito de tierra al oeste de la ciudad.
Inspiradas en las legendarias Indianapolis 500 —que desde 1911 se celebran en el mítico Indianapolis Motor Speedway—, aquellas 500 Millas locales se convirtieron durante décadas en una de las pruebas más importantes del calendario nacional, junto al Gran Premio de Turismo Carretera.
El siguiente paso fue todavía más ambicioso: llevar a Rafaela a la elite internacional.
En junio de 1970, el doctor Virgilio Márquez viajó a Estados Unidos para inspeccionar el Indianapolis Motor Speedway y analizar la factibilidad de recibir a la categoría estadounidense. Las negociaciones con el USAC, que designó como interlocutor a Henry Banks, incluyeron exigencias estrictas en materia de seguridad, logística e infraestructura.
Entre noviembre de 1970 y febrero de 1971 se ejecutaron obras de magnitud: ensanchamiento de la pista, renovación de guard-rails, nuevo tejido perimetral, remodelación de boxes y repavimentación completa del óvalo de 4.624,46 metros. También se resolvieron cuestiones operativas clave, como el traslado aéreo de equipos y materiales, finalmente a cargo de Aerolíneas Argentinas.
La confirmación de que la competencia otorgaría puntos para el campeonato fue decisiva. De no haber sido así, muchas figuras habrían priorizado otras pruebas en Estados Unidos. Con el puntaje asegurado, los mejores dijeron presente en la “Perla del Oeste”.
Los entrenamientos comenzaron el 23 de febrero de 1971, con nombres de peso como Al y Bobby Unser, Lloyd Ruby, Joe Leonard y A.J. Foyt, entre otros. El único argentino en pista fue Carlos Pairetti, quien compitió con un Volstedt Ford Turbo del equipo de Dick Simon.
En clasificación, Lloyd Ruby marcó la pole con un promedio superior a 278 km/h. Los autos —impulsados por motores Ford, Chevrolet y Offenhauser de más de 700 HP— rozaban los 320 km/h al final de las rectas.
El domingo 28, con más de 30 grados y amenaza de lluvia, se disputaron dos series que definieron la competencia por suma de tiempos. Al Unser dominó ambas baterías con su Colt Ford Turbo y se quedó con la victoria. Pairetti, pese a su escasa experiencia con este tipo de monopostos, finalizó noveno y fue ovacionado por el público local.
Aquella jornada no sólo conmovió a Rafaela y a la provincia de Santa Fe; impactó en todo el país. Fue la primera vez que una fecha oficial del USAC se disputó fuera de Estados Unidos y colocó al autódromo rafaelino como el circuito más veloz de Sudamérica.
Con el paso de los años, el campeonato evolucionó hacia la CART Championship Series y luego adoptó la denominación actual de IndyCar Series, manteniendo como emblema las 500 Millas de Indianápolis.
A 55 años de aquella hazaña organizativa y deportiva, las 300 Indy de Rafaela siguen siendo un hito irrepetible: la prueba de que la visión dirigencial, la pasión popular y la audacia técnica pueden confluir para convertir un sueño improbable en una realidad histórica.




