(Enviado Especial a Estados Unidos)
“Si se trata de él, me permito consultarlo. Pero al equipo lo armo yo”, aclaró el técnico de la selección. Se hizo una bola demasiado grande que, inclusive, hasta hizo hablar al entrenador de Portugal, que tiene una situación similar con Cristiano Ronaldo.

(Enviado Especial a Estados Unidos)
“Tenía ganas de decirlo, ¿se nota?”, afirmó Scaloni. Fue respetuoso y prudente, aunque no dejó ocultar su fastidio y hasta estuvo a punto de decir que el comentario (o la tergiversación de lo que dijo), fue hecho con mala leche. Insisto, no lo dijo. Pero lo debe haber pensado. Sobre todo cuando se enteró de que esas “declaraciones tergiversadas”, fueron invocadas delante del técnico de Portugal, con relación a Cristiano Ronaldo, y Roberto Martínez fue contundente: “Nosotros no trabajamos así, no permitimos que nadie se entrometa en las cuestiones que tienen que ver con la formación del equipo o con la táctica”.
De Scaloni y Messi, se dijo – o tergiversó – que el “10” tenía alguna injerencia en la formación del equipo y en las cuestiones tácticas. “Si es de él, me permito consultarlo. Pero al equipo lo armo yo”, dijo Scaloni. Clarito. El consulta a Messi para ver cómo está, cómo se siente, si quiere jugar de entrada o ir al banco, si está para 90 minutos o no. Todo eso lo conversa con él y lo deciden. Pero ahí está el límite. A los otros diez jugadores los pone Scaloni y a la táctica y la estrategia la ordena el técnico de la selección.
“Está todo el mundo esperando que juegue y no seré yo el que no lo haga jugar”, continuó. Y agregó: “Yo no voy a hacer nada que pueda perjudicarlo a él, pero a partir de eso, al equipo lo armo yo. Siempre fue así. Y quería aclararlo, no por mí, porque no me interesa lo que se pueda opinar o pensar, sino por él”, concluyó.
Esta es una historia de la que se habla desde hace mucho tiempo. Que Messi “arma el equipo”, que “juegan los amigos de Messi”, es una fábula que muchos se encargaron de pretender convertirla en realidad. “Miente, miente, que algo queda”, dicen. Y si Messi ha tenido, en algún momento, predilección por algún jugador en particular, seguramente habrá sido a partir de una cuestión empática adentro de la cancha y por esas complicidades tan trascendentes para un juego colectivo como es el fútbol, no por una cuestión de amistad por fuera de lo que es una pelota y un terreno de juego.
Hablar con Messi no lo haría solamente Scaloni, sino cualquier entrenador que lo tenga bajo su mando. ¿Cómo no preguntarle a él, si tenerlo es como disponer del as de espadas y 33 de mano en una partida de truco? Pero al equipo no lo arma Messi, lo arma Scaloni. Lo hace en torno a Messi, liberándolo de obligaciones y armando la estructura del equipo en torno a él. Eso está bien. Pero la responsabilidad del equipo es del técnico, no del jugador, por más que se trate del mejor del mundo.
Se nota que la relación de Scaloni con Messi es muy buena. Messi está a punto de cumplir 39 años y lleva más de 20 años de profesional y en el más alto nivel mundial. Casi nunca se le escucharon críticas hacia el entrenador de turno. Con algunos, tuvo una relación ideal. Quizás Guardiola y Sabella hayan sido los “abanderados” de este concepto, hasta que llegó Scaloni. Y la impresión, desde un primer momento, fue que Messi se alineó de inmediato y fue al frente en la “primera línea” con el entrenador. Tanto, que con él (con Scaloni) se vio al primer Messi contestatario, cuando aparecieron aquellas críticas después del brutal despojo arbitral a la selección en la semifinal de la Copa América de Brasil de 2019, el primer torneo que se jugó bajo el mando de Scaloni. Y que fue el único que no se ganó desde aquel momento.
Messi no le arma el equipo a Scaloni. Y Scaloni le permita que decida sobre él, sobre sí mismo. Todo lo otro forma parte de una fábula en la que muchos creen o la alimentan. Y también de un evidente malentendido. Scaloni admitió que esperaba que, en algún momento, Messi hiciera el anuncio de que iba a jugar el Mundial. Messi le dijo que estaba esperando que diera a conocer la lista para saber si iba a estar o no. Así es la relación. Scaloni dejando que Messi tomara decisiones sobre sí mismo (jugar de arranque o no, todo el partido o no). Y Messi esperando que la decisión del entrenador sea la más importante: si es o no es convocado.