Al mirar los indicadores por regiones y no sólo desde el promedio nacional, el mapa económico muestra otra cara del actual modelo económico. Esa es la tesis central que refleja el informe “Drivers regionales de la actividad económica en Argentina. Evidencia y perspectivas”, elaborado por Ana Inés Navarro y Marina Álvarez de la Universidad Austral.
Un mapa económico muestra cómo los indicadores nacionales aplanan la realidad de las provincias
El análisis de la actividad económica al interior del país deja una postal desigual. Mientras las regiones vinculadas al petróleo y minería traccionan, la Región Centro sigue más atadas a los sectores que todavía no despegan.

“Los indicadores nacionales no alcanzan para reflejar cómo evolucionan realmente las economías en cada provincia y/o región”, señala el estudio y apunta que el Estimador Mensual de la Actividad Económica que mide el INDEC no siempre permite ver en su totalidad qué está pasando al interior de la Argentina.

La marcha de la actividad económica viene mostrando, desde comienzos del gobierno de Javier Milei, que los motores económicos son las actividades vinculadas al petróleo, el gas, la minería, el agro y las finanzas. Mientras, del otro lado, se encuentran los rubros ligados al consumo interno, a la producción industrial, al comercio y al empleo masivo. Al analizar por regiones, el panorama agrega distintos elementos.
Mirando el mapa
El trabajo de la Universidad Austral plantea que “para entender cómo marcha la economía real de la Argentina, resulta clave poner el foco en las regiones vinculadas al petróleo, gas, minería y agroindustria, dado que estas actividades están creciendo a un ritmo superior al promedio nacional (EMAE)”.
Para medir ese impacto, el informe construye tres índices regionales de actividad económica. La Región Centro reúne a Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, con fuerte perfil agroindustrial. La Región Sur agrupa a Neuquén y Río Negro, como corazón hidrocarburífero. Y la Región Andina incorpora a Salta, Jujuy, Mendoza, San Juan y Catamarca, donde el vector dominante pasa por la minería.

La conclusión general es que el actual modelo no impacta igual en todos lados. “Este impacto es heterogéneo y muestra diferencias entre la Región Sur, Andina y Centro y entre éstas y el comportamiento promedio de la economía nacional”, sintetiza el documento. Ese comportamiento dispar tiene un componente estructural, porque depende del tipo de actividad predominante en cada territorio, de la etapa en que se encuentran las inversiones y del grado de conexión de esas actividades con el resto del entramado productivo local.
Analizando el EMAE de febrero, la Fundación Mediterránea indicó que el dato “contribuye a incrementar las dudas acerca de si la economía está entrando en una fase de crecimiento o si seguirá en un sendero errático como en los últimos meses”. Esa definición se vuelve todavía más precisa al agregar la dimensión regional, porque no se trata sólo de si crece o no la economía, sino también qué provincias se benefician y cuáles quedan más expuestas. “Estimar el comportamiento a nivel regional agrega información valiosa que complementa el análisis agregado de la economía nacional”, señala en ese sentido el informe de Austral.
Empujan el sur y la cordillera
La región más firme del mapa es la Sur. El informe remarca que allí “la tendencia de largo plazo es visiblemente creciente desde principios de 2021”. Y aclara que la caída en 2025 no invalida esa secuencia. Al contrario: “sugiere que no se trata de un rebote temporal, sino de un proceso de expansión más estructural en línea con el dinamismo del sector energético (Vaca Muerta), donde se concentran fuertes inversiones en petróleo y gas no convencional y se construye la infraestructura para su exportación”.

La región Andina también muestra una trayectoria positiva, aunque menos consolidada. Según el informe, “la tendencia crece desde finales de 2020, aunque se observa una desaceleración a mediados de 2023”. En este caso, el diagnóstico es más cauteloso. La minería, especialmente la del litio y el cobre, avanza, pero todavía está en una etapa de despliegue más inicial que la de hidrocarburos. “Se encuentra en una etapa más inicial, con proyectos en desarrollo y desafíos de escala, infraestructura y aspectos ambientales”, puntualiza el trabajo.
Padece el corazón productivo
La contracara del proceso está en la Región Centro, que suele ser un motor productivo, exportador y fiscal del país, pero que en el modelo libertario no logra traducir ese peso estructural en una dinámica expansiva sostenida.
El documento marca que en la Región Centro “la tendencia se contrae desde principios de 2023, desacelerando la caída desde mediados de 2024”. Y enumera los factores que están frenando ese rebote: “la falta de previsibilidad que todavía existe respecto de los derechos de exportación, los shocks climáticos y la evolución de los precios internacionales, que afectan la rentabilidad y la inversión”.

Este señalamiento dialoga con la situación que viene atravesando a Santa Fe. Si bien el campo sigue siendo uno de los sectores con mejor desempeño, el resto de los rubros sigue funcionando a menor velocidad. En marzo, por ejemplo, el ICA-ARG que mide el Centro de Investigación del Ciclo Económico de las Bolsas de Comercio de Santa Fe y Rosario marcó una leve caída mensual de 0,1% en la actividad y describió “un escenario de notoria heterogeneidad”.
En esa trama, la Región Centro carga además con otro dato de fondo: su aporte en las cuentas nacionales. Un trabajo presentado este martes en la Bolsa de Santa Fe por el Foro de Entidades de la Región Centro recordó que genera el 19,10% del Valor Agregado Bruto nacional, concentra una proporción similar del empleo privado registrado, reúne el 23% de las empresas formales, produce casi la mitad de los granos del país, tiene un peso decisivo en las cadenas cárnica, aviar y porcina, fabrica cerca de la mitad de los automotores y explica más del 38% de las exportaciones nacionales en promedio.

Pero ese peso estructural convive con una sensación cada vez más repetida en la dirigencia económica regional: la de una región que aporta mucho, recibe poco y, además, enfrenta un contexto donde los sectores que mejor rinden son los que menos derraman sobre el resto de la trama local. De hecho, el informe del Foro mostró que la Región Centro aportó, en promedio, 30,1% más de lo que recibió de Nación entre 2011 y 2023. En el caso de Santa Fe, esa brecha fue de 36,51%.










